Ayuno de dos sexenios en el plano nacional, tres en el
estatal, el priismo ha cobrado una fuerza tal que el azul panista que pintó el
estado en los inicios del actual gobierno, empezará a palidecer comparado con
el tricolor del presupuesto que viene del centro del país y que hoy administra
el PRI. La capacidad camaleónica del
gobierno de Covarrubias tendrá que sacar a relucir las virtudes priistas que le
acompañan, será necesario enseñar el ADN familiar -que no miente- y que el neopanismo y el viejo –casi olvidado-
perredismo no han sido más que anécdotas de una carrera política.
Antecedentes. Cuando
el PRI empezó a declinar tanto en el país como en BCS, se entendía que era todo
un sistema, toda una era la que estaba terminando. El golpe final sería en 1999 cuando el leonelazo sorprendió al
partidazo que todo lo ganaba y en el ámbito nacional Fox, al siguiente año, se había montado en un
carisma que parecía que el PRI se borraba de la faz de la tierra. El priismo
parecía herido de muerte y por primera vez en más de setenta años, el país, el
estado podían vivir sin el sistema que edificó toda una manera de ser, de
gobernar y de invadir todos los ámbitos de la vida política, económica, social
y hasta personal.
En BCS los priistas pasaron a formar una minoría silenciosa,
acostumbrados a vivir dentro del presupuesto, una gran cantidad de priistas
enseñaron su lado izquierdista y ascendieron de la mano de los neoperredistas;
otros, perseguidos por el nuevo gobierno se fueron de la entidad o simplemente
hicieron mutis; otros pactaron con el nuevo régimen y a los que peor les fue,
cayeron a la cárcel. Los encarcelados el exgobernador Mercado Romero y el
exsecretario general Raúl Antonio
Ortega, parecían apestados para el resto de los priistas que estaban acojonados
ante la furia de Leonel Cota y sus jacobinos más cercanos.
No había trabajo para los priistas que no agacharan la
cerviz y suplicaran su inclusión en el presupuesto del nuevo gobierno. El
panorama era desolador para los priistas de convicciones, para el que se negaba
-a pesar de las necesidades- ir a
suplicar, ante los nuevos señores, el sustento diario.
De Sudcalifornia a
Atlacomulco. Algunos priistas con relaciones en otros estados fueron a
parar con cargos medianos a Nayarit, Sinaloa, Sonora, algunos de los que se
acomodaron en administraciones fuera del estado mostraron cierta solidaridad
con sus correligionarios y los invitaron a colaborar con ellos. Hubo otros, que
por caprichos del destino, la diosa fortuna, el azar o los caminos
inescrutables del destino, en medio de su infortunio, encontraron trabajo en el
Estado de México, se enrolaron en las sociedades políticas de Atlacomulco y
algunos se quedaron y a otros los jalaron las nostalgias de la tierra y se
regresaron en medio del neoperredismo imperante.
Muchos de aquellos transterrados priistas sudcalifornianos al
Estado de México, que se fueron con la cola entre las patas, pronto aparecerán
en al escena nacional con envidiable hueso
o harán la entrada triunfal por la puerta grande del terruño; otros, los
que aquí permanecen y que alguna vez se engancharon en las entretelas de
Atlacomulco y puntos intermedios, andarán recordándole al oído a los
mexiquenses del gobierno nacional de Peña
Nieto, sus ganas de colaborar en el “proyecto” y si es a bordo de una
delegación federal, mucho mejor.
El regreso del PRI a la presidencia, todo parece indicar que
se aparecerá en forma de Delegación Federal que hoy se disputan, especialmente,
los priistas que alguna vez se salvaron
del desastre leonelista en el Estado de México hace poco más de doce años.
Quien lo iba a decir que a su lado se gestaba el presidente que le regresaría
al revolucionario … e institucional la
joya de la corona, su razón de ser.
El recuento de los
años. Lejos están aquellos tiempos de la persecución leonelista; de despertarse sin edificio sede convertido
en albergue; de avergonzarse de la ideología revolucionaria mexicana y exhibir
la bolchevique para ser aceptado en el nuevo gobierno; de los titulares venenosos con el prócer
priista tras las rejas, de esconder la guayabera y de negar mas de tres veces
la pertenencia al revolucionario. Pronto verían en el plano nacional que había
vida detrás del panismo foxista y mucho más con el de Calderón. Que con Leonel
fuera del estado y el Estado en manos de Agúndez, las pifias, los errores en el
arte de gobernar podían ser aprovechados por quienes gobernaron setenta años el
país que se las sabían de todas-todas. Pronto constatarían que el neopanismo de
Covarrubias no es más que un tigre de papel. Poco a poco, fueron escalando y
primero fue una presidencia municipal allá, una diputación acá para, al cabo de
dos sexenios, encontrar que tienen la presidencia nacional y poco falta para
estar de nuevo, en primer plano, en la cúpula del poder en el estado.
En BCS el priismo pudo revivir cuando los neoperredistas, enfrascados
en la lucha por el poder, desorganizados y enfrentados por los cargos públicos
y los dineros del estado, obraron el
milagro del regreso del PRI. Los neoperredistas cometieron los errores que el
PRI nunca cometía, precisamente porque para eso estaba el partido y el jefe
nato, para administrar las ambiciones, esa era su gran fortaleza.
Leonel, Narciso, Covarrubias, Luis Armando y demás
personajes del PRD gobernante, cada uno de ellos tenían su “proyecto”. Así las
cosas, la candidatura de Barroso Agramont apoyada por el grueso del priismo que quedaba, deslumbró
en medio de la confusión neoperredista, el PRI podía reinventarse y brillar
entre los partidos que nada ofrecían a sus votantes. El PAN buscaba a quien
venderle el logotipo porque ningún panista tenía la capacidad para competir por
la gubernatura. En cambio el PRI conservaba la fuerza territorial, la redes
ciudadanas, la identificación y las despensas que siempre han funcionado.
Pronto regresaron los comités seccionales y la antigua organización que llevó a
Estela Ponce a la presidencia municipal de La Paz y luego a otros al senado.
Antes de completar los tres sexenios fuera del poder estatal
en BCS, el PRI ya ha conquistado casi la mitad del congreso local, tiene
senadores de la República y dos presidencias municipales, entre ellas la
capital. Nada mal para un partido que estaba en desgracia y arruinado hace
catorce años. En estas condiciones y la presidencia de la República, es decir,
con “jefe nato”, es cuestión de tiempo para tener el próximo gobernador
priista.
Pena Nieto y BCS.
El gobierno estatal actual, sus
componentes, no son especialmente políticos de convicciones ideológicas, de
pensamiento político diferenciado, podremos observar como se empiezan a plegar –como priistas de toda la vida- a las políticas de Peña Nieto y al mismo
tiempo, como los priistas van a empezar a remontar un gobierno que empezó
siendo panista.
El golpe que temían los panistas de viejo cuño, los que
creían que habían vendido el alma al diablo cuando decidieron empeñar el
partido a Covarrubias y socios, ya está en marcha. Es posible que el priismo
llegue al final del “sexenio” de cuatro años y medio con más colaboradores del
PRI que del PAN como parte de la preparación para conquistar el poder, de
nuevo, en BCS. Cada cambio en el
gobierno, cada renuncia y renovación del gabinete y puestos claves en el poder
estatal, serán ocupados por priistas. Aparecerán en el Palacio de Cantera, ya sin ambages, las
guayaberas y las formalidades del abrazo estridente y las viejas formas de
hacer política.
El regreso. La
gran fortaleza del PRI, sin duda, fue su capacidad para mantenerse unidos a una
idea. Los políticos priistas que tienen la posibilidad de ascender al poder
estatal son aquellos que nunca desistieron de su pertenencia al partido. Cuando
otros cambiaron de partido, cuando algunos priistas se vieron fuera del
presupuesto montaron en pavor y se entregaron a Leonel Cota, Agúndez o
Covarrubias, los priistas verdaderos, muchos de ellos, regresaron a su antigua
profesión y abrieron sus consultorios, sus oficinas, sus bufetes y hasta
hicieron de restauranteros, rancheros o profesores mientras pasaba el aluvión.
Muchos de ellos están en camino a una delegación
federal -por lo menos- y como dice un
afamado lugar común en el periodismo sudca: -pronto serán noticia-
El tránsito al poder estatal ya se está cocinando en las
figuras de Estela Ponce y Barroso Agramont, sin embargo, con Peña Nieto en el
poder y dos años que faltan para las próximas elecciones generales estatales, las
cosas pintan de lo mejor para el PRI, sobre todo porque los otros dos partidos
grandes, están desfondados, sin
identidad y sin militantes. El PRI ha regresado a los viejos tiempos, cuando
desde el centro se designaba a quien sería el próximo candidato y por lo tanto,
el próximo gobernador.
Si bien es difícil –porque las circunstancias han cambiado-
intentar la restauración del poder, lo que veremos será algo muy parecido al
viejo PRI y a su manera de administrar el poder: desde arriba, con disciplina y
con sentido de grupo, algo que no han tenido los gobiernos que los sustituyeron
a lo largo de estos tres sexenios que ha estado el priismo fuera del poder.
El dinosaurio nunca se fue. Veremos por
ejemplo, de nuevo, como flash back, recibir al candidato en el aeropuerto, con
mariachis, con porras, con mantas de apoyo proveniente de los sectores, con
guayaberas limpias, blancas; a ruidosas lideresas de colonia y políticos
dispuestos a recibir los atronadores abrazos de aquellos que perdieron y de los
que ganaron, sin el énfasis del triunfo unos, ni los pucheros de la derrota, los
otros. Así fueron siempre y esa manera de ser, esa manera de llevar un país, un
estado; esa forma de entender la
política les proporcionaron setenta años en el poder.
El neopanismo sudcaliforniano en el poder tendrá que hacer una
brecha, perder algo de soberanía en beneficio de los priistas que hoy tienen
mas poder que antes y en beneficio de funcionarios, políticos oportunistas como
los diputados independientes del congreso local que estarán deseando hacerse dependientes
del PRI y de los chicos de Atlacomulco, algunos neopanistas serán mas priistas
que aquellos que –en las vacas flacas- se encargaron de alimentar al dinosaurio
que nunca se fue.
(Publicado en la revista mensual "Análisis" que dirige Bertoldo Velazco
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