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lunes, 25 de marzo de 2013

LA RESTAURACION DEL PRI EN BCS

Introducción. La asunción de Peña Nieto y de los viejos priistas que lo acompañan en importantes carteras tiene sus muchas repercusiones en la vida política de BCS, el priismo estará mas vivo, mas actuante y es muy probable - por la impaciencia, por estrategia futurista,  quizás-  que el gobierno neopanista panista actual empiece la incorporación en puestos clave de la administración estatal, a los priistas que van a despejar el camino a los que vienen.

Ayuno de dos sexenios en el plano nacional, tres en el estatal, el priismo ha cobrado una fuerza tal que el azul panista que pintó el estado en los inicios del actual gobierno, empezará a palidecer comparado con el tricolor del presupuesto que viene del centro del país y que hoy administra el PRI.  La capacidad camaleónica del gobierno de Covarrubias tendrá que sacar a relucir las virtudes priistas que le acompañan, será necesario enseñar el ADN familiar -que no miente-  y que el neopanismo y el viejo –casi olvidado- perredismo no han sido más que anécdotas de una carrera política.

Antecedentes. Cuando el PRI empezó a declinar tanto en el país como en BCS, se entendía que era todo un sistema, toda una era la que estaba terminando. El golpe final sería  en 1999 cuando el leonelazo sorprendió al partidazo que todo lo ganaba y en el ámbito nacional Fox,  al siguiente año, se había montado en un carisma que parecía que el PRI se borraba de la faz de la tierra. El priismo parecía herido de muerte y por primera vez en más de setenta años, el país, el estado podían vivir sin el sistema que edificó toda una manera de ser, de gobernar y de invadir todos los ámbitos de la vida política, económica, social y hasta personal.

En BCS los priistas pasaron a formar una minoría silenciosa, acostumbrados a vivir dentro del presupuesto, una gran cantidad de priistas enseñaron su lado izquierdista y ascendieron de la mano de los neoperredistas; otros, perseguidos por el nuevo gobierno se fueron de la entidad o simplemente hicieron mutis; otros pactaron con el nuevo régimen y a los que peor les fue, cayeron a la cárcel. Los encarcelados el exgobernador Mercado Romero y el exsecretario general  Raúl Antonio Ortega, parecían apestados para el resto de los priistas que estaban acojonados ante la furia de Leonel Cota y sus jacobinos más cercanos.

No había trabajo para los priistas que no agacharan la cerviz y suplicaran su inclusión en el presupuesto del nuevo gobierno. El panorama era desolador para los priistas de convicciones, para el que se negaba -a pesar de las necesidades-  ir a suplicar, ante los nuevos señores, el sustento diario.

De Sudcalifornia a Atlacomulco. Algunos priistas con relaciones en otros estados fueron a parar con cargos medianos a Nayarit, Sinaloa, Sonora, algunos de los que se acomodaron en administraciones fuera del estado mostraron cierta solidaridad con sus correligionarios y los invitaron a colaborar con ellos. Hubo otros, que por caprichos del destino, la diosa fortuna, el azar o los caminos inescrutables del destino, en medio de su infortunio, encontraron trabajo en el Estado de México, se enrolaron en las sociedades políticas de Atlacomulco y algunos se quedaron y a otros los jalaron las nostalgias de la tierra y se regresaron en medio del neoperredismo imperante.

Muchos de aquellos transterrados priistas sudcalifornianos al Estado de México, que se fueron con la cola entre las patas, pronto aparecerán en al escena nacional con envidiable hueso  o harán la entrada triunfal por la puerta grande del terruño; otros, los que aquí permanecen y que alguna vez se engancharon en las entretelas de Atlacomulco y puntos intermedios, andarán recordándole al oído a los mexiquenses del gobierno nacional de Peña  Nieto, sus ganas de colaborar en el “proyecto” y si es a bordo de una delegación federal, mucho mejor.

El regreso del PRI a la presidencia, todo parece indicar que se aparecerá en forma de Delegación Federal que hoy se disputan, especialmente, los priistas que alguna vez  se salvaron del desastre leonelista en el Estado de México hace poco más de doce años. Quien lo iba a decir que a su lado se gestaba el presidente que le regresaría al revolucionario  … e institucional la joya de la corona, su razón de ser.

El recuento de los años. Lejos están aquellos tiempos de la persecución leonelista;  de despertarse sin edificio sede convertido en albergue; de avergonzarse de la ideología revolucionaria mexicana y exhibir la bolchevique para ser aceptado en el nuevo gobierno;  de los titulares venenosos con el prócer priista tras las rejas, de esconder la guayabera y de negar mas de tres veces la pertenencia al revolucionario. Pronto verían en el plano nacional que había vida detrás del panismo foxista y mucho más con el de Calderón. Que con Leonel fuera del estado y el Estado en manos de Agúndez, las pifias, los errores en el arte de gobernar podían ser aprovechados por quienes gobernaron setenta años el país que se las sabían de todas-todas. Pronto constatarían que el neopanismo de Covarrubias no es más que un tigre de papel. Poco a poco, fueron escalando y primero fue una presidencia municipal allá, una diputación acá para, al cabo de dos sexenios, encontrar que tienen la presidencia nacional y poco falta para estar de nuevo, en primer plano, en la cúpula del poder en el estado.

En BCS el priismo pudo revivir cuando los neoperredistas, enfrascados en la lucha por el poder, desorganizados y enfrentados por los cargos públicos y los dineros del estado,  obraron el milagro del regreso del PRI. Los neoperredistas cometieron los errores que el PRI nunca cometía, precisamente porque para eso estaba el partido y el jefe nato, para administrar las ambiciones, esa era su gran fortaleza.

Leonel, Narciso, Covarrubias, Luis Armando y demás personajes del PRD gobernante, cada uno de ellos tenían su “proyecto”. Así las cosas, la candidatura de Barroso Agramont apoyada por  el grueso del priismo que quedaba, deslumbró en medio de la confusión neoperredista, el PRI podía reinventarse y brillar entre los partidos que nada ofrecían a sus votantes. El PAN buscaba a quien venderle el logotipo porque ningún panista tenía la capacidad para competir por la gubernatura. En cambio el PRI conservaba la fuerza territorial, la redes ciudadanas, la identificación y las despensas que siempre han funcionado. Pronto regresaron los comités seccionales y la antigua organización que llevó a Estela Ponce a la presidencia municipal de La Paz y luego a otros al senado.

Antes de completar los tres sexenios fuera del poder estatal en BCS, el PRI ya ha conquistado casi la mitad del congreso local, tiene senadores de la República y dos presidencias municipales, entre ellas la capital. Nada mal para un partido que estaba en desgracia y arruinado hace catorce años. En estas condiciones y la presidencia de la República, es decir, con “jefe nato”, es cuestión de tiempo para tener el próximo gobernador priista.

Pena Nieto y BCS. El gobierno  estatal actual, sus componentes, no son especialmente políticos de convicciones ideológicas, de pensamiento político diferenciado, podremos observar como se empiezan  a plegar –como priistas de toda la vida-  a las políticas de Peña Nieto y al mismo tiempo, como los priistas van a empezar a remontar un gobierno que empezó siendo panista.

El golpe que temían los panistas de viejo cuño, los que creían que habían vendido el alma al diablo cuando decidieron empeñar el partido a Covarrubias y socios, ya está en marcha. Es posible que el priismo llegue al final del “sexenio” de cuatro años y medio con más colaboradores del PRI que del PAN como parte de la preparación para conquistar el poder, de nuevo, en BCS.  Cada cambio en el gobierno, cada renuncia y renovación del gabinete y puestos claves en el poder estatal, serán ocupados por priistas. Aparecerán en el  Palacio de Cantera, ya sin ambages, las guayaberas y las formalidades del abrazo estridente y las viejas formas de hacer política.

El regreso. La gran fortaleza del PRI, sin duda, fue su capacidad para mantenerse unidos a una idea. Los políticos priistas que tienen la posibilidad de ascender al poder estatal son aquellos que nunca desistieron de su pertenencia al partido. Cuando otros cambiaron de partido, cuando algunos priistas se vieron fuera del presupuesto montaron en pavor y se entregaron a Leonel Cota, Agúndez o Covarrubias, los priistas verdaderos, muchos de ellos, regresaron a su antigua profesión y abrieron sus consultorios, sus oficinas, sus bufetes y hasta hicieron de restauranteros, rancheros o profesores mientras pasaba el aluvión.

Muchos de ellos están en camino a una delegación federal  -por lo menos- y como dice un afamado lugar común en el periodismo sudca: -pronto serán noticia-

El tránsito al poder estatal ya se está cocinando en las figuras de Estela Ponce y Barroso Agramont, sin embargo, con Peña Nieto en el poder y dos años que faltan para las próximas elecciones generales estatales, las cosas pintan de lo mejor para el PRI, sobre todo porque los otros dos partidos grandes, están desfondados,  sin identidad y sin militantes. El PRI ha regresado a los viejos tiempos, cuando desde el centro se designaba a quien sería el próximo candidato y por lo tanto, el próximo gobernador.

Si bien es difícil –porque las circunstancias han cambiado- intentar la restauración del poder, lo que veremos será algo muy parecido al viejo PRI y a su manera de administrar el poder: desde arriba, con disciplina y con sentido de grupo, algo que no han tenido los gobiernos que los sustituyeron a lo largo de estos tres sexenios que ha estado el priismo fuera del poder.

El  dinosaurio nunca se fue. Veremos por ejemplo, de nuevo, como flash back, recibir al candidato en el aeropuerto, con mariachis, con porras, con mantas de apoyo proveniente de los sectores, con guayaberas limpias, blancas; a ruidosas lideresas de colonia y políticos dispuestos a recibir los atronadores abrazos de aquellos que perdieron y de los que ganaron, sin el énfasis del triunfo unos, ni los pucheros de la derrota, los otros. Así fueron siempre y esa manera de ser, esa manera de llevar un país, un estado; esa forma de entender  la política les proporcionaron setenta años en el poder.

El neopanismo sudcaliforniano en el poder tendrá que hacer una brecha, perder algo de soberanía en beneficio de los priistas que hoy tienen mas poder que antes y en beneficio de funcionarios, políticos oportunistas como los diputados independientes del congreso local que estarán deseando hacerse dependientes del PRI y de los chicos de Atlacomulco, algunos neopanistas serán mas priistas que aquellos que –en las vacas flacas- se encargaron de alimentar al dinosaurio que nunca se fue.

Arturo Meza Osuna. artmeza55@hotmail.com


(Publicado en la revista mensual "Análisis" que dirige Bertoldo Velazco

miércoles, 7 de marzo de 2012

CANDIDATOS Y EL EMPOBRECIMIENTO DE LA DEMOCRACIA SUDCALIFORNIANA

Reacia a la autocrítica, la clase política sudcaliforniana entra en un nuevo periodo electoral en el que los partidos designan, sin mucho debate, sin capacidad pare verse las entrañas, mediante los amarres del partido –en petit comité-, a las figuras que ya han pasado una y otra vez por el tamiz
del sufragio sin mayor rendición de cuentas; con más confianza en la amnesia del electorado que en sus antecedentes; con mas confianza en la generosidad del sistema electoral que en su capacidad para convencer electores. Demasiados senadores, demasiados diputados para un estado de poco más de medio millón de habitantes, una sobrerrepresentación que hace mucho se ha convertido en una lacra, que se mantiene a pesar de las protestas de la ciudadanía que aboga por la desaparición de la cámara de senadores y de los candidatos plurinominales.
Quizás mas que en otras ocasiones, el sistema de partidos anda por un lado, el elector por otro. Los partidos vuelven a poner en consideración cartuchos quemados y personajes que pueden apelar a un grupo, un gremio, un capillita para hacerse de unos pocos votos. Los partidos confían en un triunfo solo porque sus adversarios son peores. A punto de presentar sus candidaturas, no hay una sola declaración interesante, ningún planteamiento digno de tomarse en cuenta. Las campañas internas que culminaron con el registro de candidatos “de unidad” se hicieron muy internamente y los que hicieron giras, visitas, entrevistas no pasaron de las promesas del esfuerzo y de las frases grandilocuentes y patrióticas. Promesas generales –muy generales- de “mejorar la calidad de vida de la población” “impulsar el empleo remunerativo” “luchar por la educación” “impulsodel turismo”. Después de este periodo pálido y parco de precandidaturas y de la
insólita veda acordada con el IFE, esperemos que al menos den –los políticos- material para comentar.
Unos que no se manifiestan porque tienen mucha cola que les pisen; otros pasan tan desapercibidos por falta de brillantez y exceso de lugares comunes; otros que se vuelven a presentar sin hacer un necesario acto de contrición; otros, cargados con su tambache de cinismo se aprestan a esperar, de perdida una plurinominal que los mantenga en el candelero. Bastan unos ejemplos:
El PAN, Carlos Mendoza “El Picore”. Tan indefinido como su propio apodo aunque tiene un
curriculum impresionante. Estudios en el extranjero y una hoja de servicios que inicia en la alta burocracia mexicana para arribar al terruño como Delegado del IMSS en tiempos panistas. Como todo mundo sabe, hijo del primer gobernador constitucional del Estado Ángel César Mendoza, un hombre respetado y con larga trayectoria en el PRI, de los pocos políticos que ese partido puede presumir, mostrar y enorgullecerse, por eso –sobre todo por eso- extraña el camino panista de los primeros pasos políticos en el Estado de Carlos Mendoza. De la Delegación del IMSS, Carlos Mendoza renuncia al puesto para ser coordinador de campaña del actual gobernador. El triunfo de Covarrubias lo lleva a ocupar la Secretaría General de Gobierno, cargo que desempeña unos cuantos meses, al que renuncia debido a su aspiración al senado, hasta entonces, se afilia al PAN.
Muy lejos del carisma del padre, Mendoza parece más un tecnócrata asimilado a la filosofía –así le llaman- administrativa del panismo que se asienta en un liberalismo de clase y tiene su respaldo cultural en la literatura de superación personal, el endiosamiento del liderazgo y las trampas de la “calidad”, todo esto, muy lejos del nacionalismo revolucionario y del regionalismo a ultranza que practicó su padre.
Ya panista, emprende una campaña al interior del PAN, no exento de críticas de panistas tradicionales que reclaman a su partido la inclusión de Mendoza Davis en la fórmula senatorial. Difícil situación de los críticos panistas contra los recién conversos que se han aferrado a las
candidaturas en juego, pues los ecos de tales críticas llegan directamente al gobernador Covarrubias, de obvia reciente conversión al PAN.
Arturo de la Rosa. Por si fuera poco, el PAN ha tenido que soportar las ambiciones de De la Rosa para ocupar una candidatura a uno de los escaños del Congreso de la Unión. Al igual que Covarrubias, del PRD se pasó al PAN e inmediatamente, con el triunfo del grupo político que compitió con las siglas de este partido, ocupó la secretaría particular del gobernador.
Diputado local por el PRD por la XI legislatura, De la Rosa fue acusado por otros diputados de apropiarse de al menos seis millones de pesos. Poco se ha sabido del desarrollo y destino de la investigación. Como se puede ver, la acusación no representó ningún obstáculo para ocupar un cargo en el gobierno actual mucho menos para posicionarse como candidato a una de las
diputaciones en juego.
Es obvio que el activismo político de De la Rosa molesta a los panistas de larga data, a los doctrinarios, los cuales, igual que en el caso de Mendoza Davis, han tenido que doblegarse ante los recién conversos porque gracias a estos, se mantienen en el poder.

En el PRD las cosas no están mejor y van de nuevo con las caras conocidas, que nunca hicieron
una autocrítica de su pertenencia y connivencia con el gobierno de Narciso Agúndez, un acto necesario especialmente ahora que las lacras ha salido a relucir, con los casos de exfuncionarios de la administración perredista que han sido llamados a cuentas, el más reciente, Antonio Alcántar.
Víctor Manuel Castro Cosío. No termina aun su periodo al frente de una diputación federal por el
II distrito electoral cuando ya se ha apuntado para la candidatura al senado.
Es un perredista formado en los cuadros de la izquierda, en su juventud, militante furibundo contra el sistema. Ocupó la Secretaría de Educación Pública con el triunfo de Leonel Cota. Posteriormente fue Presidente Municipal de La Paz y luego, con el apoyo de Narciso Agúndez, diputado federal.
Se constituyó en el sexenio anterior en valedor de un gobierno sumamente cuestionado por latrocinios varios. A pesar de su fama de hombre íntegro, ha sido parte fundamental en la debacle del PRD en el estado, sin embargo, no ha emitido ni un ápice de autocrítica, mucho menos ha tenido la capacidad para deslindarse del pseudoizquierdismo que inundó a su partido.
Trascendieron sus constantes roces tanto con Leonel Cota como con Rosa Delia Cota, su sucesora en la Presidencia Municipal de La Paz, quien incluso llegó a pedir el voto en su contra cuando el Prof. Castro Cosío compitió por la diputación que hoy ostenta, en esa ocasión, la votación en el
municipio de La Paz fue tan exigua que su triunfo fue obra del perredismo cabeño. Llama la atención que, hoy con Rosa Delia Cota en la dirigencia del PRD, Castro Cosío pueda erigirse como candidato a senador.
El desastre electoral pasado del PRD dio por resultado que los restos del partido fueran recogidos por el grupo que ganó la presidencia municipal de Los Cabos, lo poco que salvaron del naufragio. Así las cosas, es ese grupo quien detenta el poder en un partido que tiene pocas posibilidades de
alzarse con el triunfo que no sea una posición plurinominal.
Extraña ver a Castro Cosío en esta politiquería que han montado Rosa Delia y los Agúndez de Los Cabos, que se han apoderado de un partido que poco tiene de izquierda. No se pueden descartar compromisos adquiridos en todos los años de brega política del Profesor para servir a los intereses de un PRD desgastado y corrompido al cabo de dos sexenios en el poder. Un perredismo cuyo poder de oposición, apenas le sirve, como una muralla de contención para evitar llamar a cuentas al exgobernandor Narciso Agúndez que permanece amparado.
Castro Cosío tendría mucho que explicar no solo a la sociedad a la que solicita su voto, sino al izquierdismo genuino, su posición respecto de los casos de corrupción de Jáuregui, Ibarra, Díaz, Porras y Alcántar, sus correligionarios y miembros del mismo gobierno al que apoyó. Asimismo sus opiniones acerca del gobierno de Narciso Agúndez y de los errores del partido, las causas que lo llevaron a su casi extinción. Y entonces sí, pedir el voto.
En el PRI ya se tenían las candidaturas de unidad con sus mezclas de priismo mas o menos
novedoso con dinosaurios del ava nzado jurásico. El novel Ricardo Barroso y el septuagenario Isaías G. Cuevas para la senaduría; Martínez Mora en el papel del nuevo PRI, acompañado de un recuerdo del viejo partidazo, Cota Osuna, para las diputaciones. La prueba del que el PRI no puede prescindir de la vieja guardia tan poderosa que, en contra de los intereses del partido, siguen apareciendo en las boletas electorales; la constatación de que los priistas ya maduros aun requieren de andaderas.
En eso estaban, en el festín de las "candidaturas de unidad" cuando apareció Jesús Flores que también aspiraba. Flores se había caracterizado por emprender una lucha casi heroica cuando el partido fue reducido a su mínima expresión con el Leonelazo del 99, cuando los priistas huían y se escondían, Jesús Flores era de los que se constituía, en Los Cabos, como una oposición al
leonelato. De ahí que sus aspiraciones se antojaban justas.
Cuando parecía que el gozo se dirigía al pozo, una estratagema –de esas para las que el PRI se pinta solo-, extraída de los amarillentos catálogos de chascos, trucos y embelecos, advirtieron que a Jesús Flores le faltaban unos requisitos fundamentales en su registro, los estatutos se aplicaron, Jesús Flores quedó fuera de la convocatoria y evitó así al PRI, tener que ir a una consulta. La fiesta siguió y Flores hizo gala de la capacidad de un priista para aplicar la fuerte presión dentaria sobre sus propias gónadas, es decir, lo que antiguamente se llamó, disciplina de partido. Se movió y no salió en la foto.
Al no competir con gente como Jesús Flores, el PRI se apunta a la elección con –como bien apunta el escritor Edmundo Lizardi: “acomodaticios surfers de la “ola” de Peña Nieto, su única tablita de salvación”.

Los partiditos. Ya cuando un partido de estos, llámese Convergencia –o Movimiento Ciudadano-
PT, Verde, el Partido de los Carballo o el de la Gordillo, se atreven a candidatear a Leonel Cota –que merece una editorial aparte- no hay mucho que decir de la clase política sudcaliforniana hoy en día tan mezclada y como llegaron, en esta etapa de transición, a parecerse tanto. No hay diferencias por eso es que cualquiera puede saltar a cualquier partido sin que se note.
Ante este panorama de candidatos insípidos, trastos usados y vejestorios del precámbrico, la sociedad votante no tiene mucho más de donde seleccionar, de tal manera que lo más seguro es que la abstención aparezca como la gran triunfadora y los candidatos sean elegido por un mínimo de ciudadanos modelos que mantienen la llama de la esperanza o de acarreados que venden su
voto al mejor postor, lo que empobrece mas aun la democracia sudcaliforniana.

lunes, 13 de febrero de 2012

BARROSO E ISAIAS, UNA METAFORA DEL PRI

Introducción. El sistema Pri-gobierno sudcaliforniano sufrió primero una derrota, que luego sufriría, a principios de siglo, en el plano nacional. El derrumbe fue total. La militancia más sobresaliente se vio envuelta en acusaciones por el nuevo gobierno, cárcel y escarnio soportaron sus principales dirigentes, otros, sin poder vivir fuera del presupuesto, optaron por ingresar a las filas de los recién conversos al neoperredismo de Leonel Cota y se incorporaron al gobierno; otros, salieron del estado en busca de mejores aires; algunos –se dice- pactaron con el nuevo gobierno, se conformaban con no ser perseguidos y muchos se agazaparon, se mimetizaron en extrañas formas. Pocos, muy pocos sacaron pecho y comprendieron que eran tiempos de oposición, una situación inédita para el partido que lo ganaba todo en BCS.

El primer sexenio perredista fue aciago para el antiguo partido de estado. Sin el jefe nato, sin posiciones relevantes, sin escaños en el congreso, sin dinero, sin los jilgueros habituales, incluso, sin sede; un PRI itinerante, escasamente concurrido era sostenido por algunos valedores con más canguelo que ideas de cómo volver colocar el viejo partidazo en los primeros planos de la política local. La vieja generación de priistas, los llamados dinosaurios parecían extinguidos; la generación intermedia, la de Manríquez Guluarte, la que acababa de perder las elecciones estaba deprimida, abatida y, sin la emergencia de una nueva generación de priistas. Un partido hecho para gobernar, acostumbrado a triunfar, no tenía capacidad para convertirse en oposición. Sin embargo, el triunfo del PRI en varios estados; el surgimiento de un candidato popular a la presidencia; los errores de la administración de Narciso Agúndez, sus divisiones internas; la porfía de Estela Ponce, de Jesús Flores, de Martínez Mora, de Ángel Salvador y otros, dieron un nuevo impulso para recobrar el lustre perdido. Los pequeños triunfos, la pérdida acelerada de credibilidad del gobierno perredista, hicieron un hueco al PRI que se levantó entre los muertos y pronto, en la segunda mitad del gobierno de Agúndez, el PRI y sus posibles candidatos aparecían en las encuestas en plan de pelea.

Factores como la escasa convocatoria del PAN, las diferencias internas del partido en el gobierno, animaban a los cuadros jóvenes del PRI, reaparecían las generaciones intermedias y hasta los dinosaurios daban la cara en espera de las vacas gordas. En la elección estatal tuvieron la posibilidad de medir sus verdaderas fuerzas: nominaron candidatos de las generaciones intermedias, escondieron a los dinosaurios y se sorprendieron de la aceptación que tuvieron con sus candidatos jóvenes, los emergentes. El viejo partido de estado, el antiguo brazo político del sistema autoritario que gobernó la vida política de BCS y el país, que parecía desgastado, era requerido por parte del electorado que descreyó del gobierno perredista, por quienes creen que mas vale malo por conocido… o por quienes evocan un mejor tiempo pasado; un fenómeno psicológico que ya ha sucedido en otras transiciones, donde la añoranza produce seguridad. Por las razones que sea, el PRI sudcaliforniano está exultante y se apresta a dar la palea con modificaciones forzosas en su manera de contender.

La alegoría. Si se lo hubiera propuesto la dirigencia estatal del PRI no podrían haber encontrado mejor metáfora que explicara -mediante las figuras de Ricardo Barroso e Isaías González sus dos candidatos a dos de las senadurías en juego las próximas elecciones generales- una simbología que no parece ser planeada. Dos personajes, dos sujetos, dos formas de hacer política de dos individuos tan disímbolos pero que reflejan, como espejo, el momento que vive el PRI como partido y como engranaje de una antigua maquinaria que quiere parecer nueva, sin abandonar el dorado pasado que alguna vez gozó a sus anchas. Uno, un viejo dirigente sindical, con más de cincuenta años de reelección en reelección en una central obrera ligada
históricamente al PRI, el otro, Barroso, un joven miembro de la nueva clase política, procedente de la estirpe patricia de priistas sudcalifornianos.

Ricardo Barroso. Sin experiencia política, casi sin militancia. Sin mas carta de presentación que el parentesco con el gobernador de la transición de territorio a estado, Félix Agramont. Ricardo Barroso fue toda una revelación para el PRI primero, después, para el mundillo político sudcaliforniano. Debuta como candidato a gobernador en una elección donde el PRI no tenía ninguna oportunidad. Quedó en segundo lugar, no tan atrás del triunfador Covarrubias y muy adelante del candidato del PRD, Luis A. Díaz.

El PRI había cambiado su estrategia cuando se pensaba que fuera Estela Ponce la abanderada, sin embargo, Ponce aceptó ir por una posición mucho más asequible que era la alcaldía de La Paz, que finalmente ganó. Así, el PRI, sin distanciarse de los dinosaurios, mantiene dos figuras destacadas por lo que hoy, alejada de las contiendas, Ponce ocupada en la alcaldía paceña, es Barroso quien lanza el PRI a la senaduría, con muchas posibilidades si el joven político es capaz de repetir la hazaña. Así, en cuanto se decidió la gubernatura, Estela Ponce tomó posesión como alcalde, Barroso, se estableció como Delegado del CEN del PRI, pero el PRI permanece en manos de la vieja escuela priista con Agapito Duarte en la dirigencia estatal.

Isaías González Cuevas. Con orígenes en la CROC sudcaliforniana, González Cuevas fue afirmando su liderato mediante consecutivas reelecciones –como se estila en el sector obrero- en una central sindical con mayor fuerza en el sur del Estado. La CROC ha llegado a liderar la mayoría de los sindicatos de hoteles, restaurantes y establecimientos afines del sector turístico.

En 1997 formó parte de la VVII legislatura como diputado de representación proporcional, cargo en que permaneció hasta el año 2000. Ya en el DF, su amistad con el entonces poderoso Secretario general de la CROC, Alberto Juárez Blancas, lo lleva a ocupar puestos de importancia en la central obrera. A la enfermedad y muerte de este, Isaías González salta a la dirigencia nacional para el periodo de 2004 hasta al 2010, posteriormente sería reelecto hasta el 2016. Diputado federal de nuevo en la actual legislatura en la que se ha convertido en diputado con licencia para disputar el senado en las próximas elecciones.

Isaías G. Cuevas, ha permanecido fuera del estado a causa de sus actividades en la CROC desde hace cerca de 15 años. No le tocó atestiguar la caída estrepitosa del PRI en el 2000 y tampoco ha sido factor en el resurgimiento del partidazo. Sin embargo, es quizás el único priista que tiene un inmenso capital político y económico y, el único que puede mostrar músculo con el apoyo de la central obrera.

Diferencias y similitudes. Ricardo Barroso e Isaías González Cuevas representan a un PRI con dos diferentes caras; representan a dos PRIs: uno que no acaba de irse y otro que no acaba por nacer ni desarrollarse.
El PRI de Barroso Agramont proviene de las capas ilustres de familias priístas: nieto de Félix Agramont, primer gobernador nativo y con arraigo, aunque impuesto desde la presidencia por Luis Echeverría, sirvió de puente para una transición de territorio a estado, del cual fue el primer gobernador democráticamente electo, Ángel César Mendoza A, paradójicamente, padre de uno de los rivales a la senaduría, Carlos Mendoza Davis. El PRI de Isaías G. Cuevas es del que empieza desde abajo, de pinche de cocina. De muy joven ingresa al gremio obrero y ahí se desarrolla –desde abajo- en una carrera sindical de más de 50 años.

Ricardo Barroso que nunca ha sabido lo que es el trabajo físico duro –hay quien lo acusa de perezoso- ni ha pertenecido a un sindicato, mucho menos ha hecho el trabajo sucio, el de las cañerías, ha tenido una vida académica en el área de las ciencias sociales, ha tenido las oportunidades de ilustrase y de acceder a la alta cultura, a la reflexión intelectual, mientras Isaías solo ha llegado a secundaria y muy lejos está de la vida intelectual. La práctica, la escuela de la vida ha sido su universidad.

Barroso Agramont tiene virtudes externas, notables, evaluables a primera vista: joven, apuesto, alto y bien nutrido. En casa nunca faltó alimento y recibió –de sus padres- genes de los que se pueden recibir en las clases altas. Isaías es un viejo, su aspecto senil es el de los viejos líderes obreros que tantos éxitos depararon al viejo sistema autoritario. Su aspecto recuerda a Fidel Velázquez, a la Güera Rodríguez Alcaine, a su antecesor, Juárez Blancas. Recibió los genes que le tocaron, los que al destino determinó para las clases bajas.

Uno, Barroso, producto de ese México que construyeron los Isaías; el otro, producto del México bronco y de setenta años de construcción con sus defectos y aciertos de un sistema autoritario que trata de adaptarse a nuevo entorno mediante los Barrosos pero que no puede prescindir de los Isaías. Porque los Barrosos del PRI tienen presencia de candidatos, aunque los Isaías tienen músculo y son capaces de dirigir contingentes y llenar una plaza pública cuando se le antoje. Los Barrosos pueden mostrar una cara de modernidad, de nuevos rumbos con una buena dosis de ingenuidad política. Los Isaías son los viejos rumbos, los caminados y probados del PRI; siempre saben para donde corre el agua, la corriente de los vientos… “la línea” que es más importante. Los Barrosos creen conocer desde las aulas una teoría del Estado democrático. Los Isaías saben como es el Estado, han sido parte del Estado, han vivido en las tripas del monstruo.

Ricardo Barroso recuerda a Peña Nieto; Isaías González recuerda a Fidel Velázquez. Barroso está por demostrar que puede con el paquete; Isaías nada tiene que demostrar, aun tiene dirigencia de la CROC hasta el 2016.

Conclusión. Dos caras de las que no puede prescindir el PRI para dar las nuevas batallas que se avecinan: la cara amable de los jóvenes guapos e ilustrados, apoyados por los viejos vicios corporativistas de trabajadores acarreados por las promesas, las demagogias y la explotación de las necesidades. El PRI tiene en los Barrosos esos frascos vacíos de contenidos porque no han tenido carrera propia, la única manera de llenarlos, es con los antiguos contenidos, los perfumes ya probados en los viejos líderes obreros, los que han sabido como mantenerse, contra viento y marea en posiciones de privilegio. Hay que llenar los barrosos de Isaías. Isaías está ahí para recordarle a Barroso, que el arrastre, ese supuesto carisma que le ha valido la aspiración al senado, no es nada si no se tienen los apoyos de una corporación. Nada carismáticos eran Juárez Blancas ni La Quina y pudieron erigir un imperio que llegaron designar hasta el propio presidente de la república, al omnipotente presidente imperial de aquellos tiempos; que si Barrosos llena la plaza pública con anuncios, entrevistas en los medios –promoción- invitaciones, el estudio de la estrategia y líderes de colonia con sus enganches; los Isaías solo tienen que levantar el teléfono y mañana a primera hora la plaza estará a tope con mantas, matracas y mariachis.

El PRI está de vuelta, también en BCS. Es el mismo PRI de siempre, sus retoques de modernidad, no pueden prescindir del jurásico.

viernes, 4 de marzo de 2011

COVARRUBIAS en la Picota

Introducción. No ha podido ser tampoco en esta vez. Terminó la carrera electoral con la asunción de Marcos Covarrubias al poder y no faltan las lagunas oscuras, los pasajes truculentos; esa vocación para la transa que no deja fluir los procesos políticos y la vida social en general. No podía ser de otra manera, Covarrubias había dado un salto –en el plano teórico-ideológico- gigantesco desde el PRD al PAN, aunque cercano en el plano pragmático. Después se leerían algunas voces facultadas para explicar que el acceso al poder de Covarrubias ha sido un pacto en las alturas, entre el PRD y el PAN, con el presidente de la República y al gobernador del Estado de Baja California Sur como testigos de honor y garantes del acuerdo para pujar, de formas diversas por el éxito de Covarrubias, en perjuicio del PRI. Una forma velada de llevar a cabo la tesis calderoniana con ayuda de Los Chuchos: nada para el PRI.

¿La receta?: un candidato viable, dinero a raudales, compra de lealtades, mapaches electorales, un IFE a modo y ¡ya está!. Todos los ingredientes convenientemente mezclados dieron como resultado el triunfo de Covarrubias.

Muy pocos lo sabían, otros apenas alcanzaron a entenderlo, otros ni por aquí les pasó aunque la mayoría de analistas locales y amantes del radio callejón, refieren que lo vieron muy claro, desde el principio.

El diálogo de su servidor suele ser, mas o menos así:
- Nunca imaginé un resultado como el que tuvimos- dice el escribidor y fracasado analista.
- ¿Cómo que no? ¿Qué no eres analista?
- No te burles, no le atiné a nada. Supuse que Luis A Díaz daría más pelea, Barroso detrás y Covarrubias adelante pero con muy poco.
- Pero no te fijaste que pasó?
- ¿Cómo que?
- A Luis A. lo dejaron solo, sin dinero, a Covarrubias le metieron mucho, el objetivo de Los Chuchos y Calderón era que no ganara el PRI. El Ricky había crecido mucho.
- Pero te imaginaste a Luis Armando en tercer lugar?
- Si claro, el único resultado favorable que arreglaron fue el del hermano del gobernador en Los Cabos
- Tu lo sabías?
- Todo mundo lo sabía, menos los analistas….como tu

Algunos lo vieron más claro como los Albertos Ceseña –padre e hijo- que desde antes salieron de los reductos considerados perredistas y presentaron sus respetos a Covarrubias y al PAN. Otros tardaron más en reaccionar, por eso a estas alturas, la cargada que abruma a Covarrubias, es una estrambótica mezcla de políticos reciclados, de camaradas experredistas y panistas pragmáticos como sus principales colaboradores para empezar este gobierno que durará cuatro años y medio.

Sabia virtud de conocer el tiempo. No hay estudios, no hay cursos para ser gobernador, es un trabajo que se aprende y la curva de aprendizaje puede ser tan larga o pronunciada como capacidad tenga, en este caso, Marcos Covarrubias. Por lo tanto, en este mandato de cuatro años y medio, le van a hacer falta los 18 meses que son valiosísimos a la hora de consolidar un gobierno. Por esa razón, las teorías que han corrido acerca de las estratagemas que mantienen a Covarrubias en la gubernatura, serán un pesado lastre, para iniciar con legitimidad su gobernanza.

Por lo menos, una gruesa capa de electores que votaron por Barroso y el PRI no le perdonarán las probables tropelías en las urnas de Comondú; una ancha franja de votantes perredistas, valedores de izquierda, menos perdonarán la traición inicial y la jugada electoral con la que venció al candidato de su antiguo partido. Demasiados electores que no votaron por Covarrubias, mas del 50% de quienes sufragaron exigirán, sin duda, muestras de legitimidad en tan cuestionadas elecciones.

Por lo tanto, Covarrubias tiene una tarea difícil porque el tiempo ya está acortado. No hay luna de miel con un elector satisfecho, ni hay bono democrático por el cambalache de partidos y el manoseo electoral. Todo será cuesta arriba y el reloj ya empezó a correr.

Primera llamada. La primera exigencia será llamar a cuentas al gobierno saliente. Han sido tantas las acusaciones y rumores de malos manejos del erario, del desorden financiero del gobierno de Narciso Agúndez que se impone una rápida y contundente respuesta al respetable. Las primeras aproximaciones de Covarrubias al asunto no han sido afortunadas.

Una declaración políticamente correcta de “no desatar cacería de brujas”, se ha tomado como complicidad y una constatación de que, en efecto, la candidatura de Covarrubias no solo era el plan B de Narciso Agúndez, sino el plan A del gobernador, del presidente y de las cúpulas del PAN y del PRD de donde se operó, finalmente, su candidatura, su triunfo y quizás, los cuatro años y medio de mandato legal.

Sin red de protección, Covarrubias tiene la obligación –en defensa propia- de poner en orden el cotarro en los primeros días de gobierno: dar un buen mensaje: sólido y contundente acerca del estado en que recibe el tesoro sudcaliforniano; deudas, gastos, auditorías y resultados que satisfagan a la ciudadanía, sobre todo a una oposición que se siente defraudada –PRI- y a otra que se siente traicionada –PRD- por el gobernador electo.

Personajes señalados por la crítica general como el caso del Director de Comunicación Social, Antonio Alcántar, que se negó una y otra vez comparecer ante el congreso –acusado de utilizar el erario en provecho personal- parecen ser la parte mas delgada del hilo. Sin embargo, el congreso, el peor que ha tenido el Estado de Baja California Sur, en abierto contubernio con el gobernador, aprobó tanto las deudas como el ejercicio fiscal, además que algunos de sus miembros han sido acusados también de uso ilícito del dinero público. En fin, una danza de millones que viene a constituir la primera llamada para el nuevo gobierno.

El equipo político. Si bien la experiencia política de Marcos Covarrubias es mas bien exigua, se impone un aprendizaje rápido para tomar el control de aparato gubernamental. En vista de la especie que ha corrido, comentada arriba, de su manera de acceder al poder, los ojos de los ciudadanos y de la crítica estará puesta en sus primeras palabras, acciones y gestos. Uno de ellos será sin duda, el nombramiento de sus colaboradores.

Para el público es un enigma las relaciones que Covarrubias establecerá, en esta nueva posición, con la clase política sudcaliforniana, pues con base a los acontecimientos electorales, la franja de posibles colaboradores se percibe delgada y escasa ante la imposibilidad de contar con ex colaboradores cercanos de Narciso Agúndez, militantes del PRD, mucho menos del PRI; tendrá que buscar en el PAN y en los ciudadanos sin partido a sus mas cercanos colaboradores. Covarrubias está obligado a contar con panistas en su gabinete, aun cuando el PAN, hace tiempo que en Sudcalifornia no ejerce ningún tipo de gobierno, excepto en las delegaciones federales. Tendrá que incorporar en su primer círculo a nuevas caras que refresquen el ambiente político y en esta proporción –panistas/nuevas caras- se podrán deducir, los compromisos que el gobernador electo ha hecho con el PAN y las nomenclaturas partidarias.

El Programa de gobierno. Las escasas veces que se mostró, durante la campaña con ánimo reflexivo, se pudo observar que Marcos Covarrubias no parece fuera de lugar en el PAN. Se podría decir que a lo mejor ya era panista pero no lo sabía. Su discurso –más conocido- en torno de la unidad familiar es muy del tipo panista; funciona muy bien para la parte conservadora de la sociedad sudcaliforniana. Parecer panista no es un problema para el gobernador electo.

Una vez salvadas las apariencias, otro de los enigmas que por lo pronto subyacen en el ánimo colectivo es el del programa de gobierno que ha de seguir el gobernador Covarrubias. Su reciente conversión panista, su pasado remoto priista y sus recientes antecedentes perredistas, vislumbran un programa de gobierno heterogéneo. Es obvio que los partidos tratan de imponer su ideario, su manera de entender las gobernanzas y desde luego, sus compromisos.

Aunque cada vez el distingo partidario importa menos. Con el gobierno federal panista, se entiende que el gobernador se asuma panista y use el programa y las ideas del PAN a la hora de gobernar. También sabemos que puede cambiar de partido en cualquier momento y, que se puede cambiar para seguir igual. Ese gatopardismo tan frecuente en nuestra impúdica clase política.

martes, 30 de noviembre de 2010

BOTELLITA DE JEREZ

En setenta y tantos años de dominación, el PRI cometió muchos errores, seguramente también, muchos aciertos. Estos son los que el PRI y sus políticos no han sabido explotar a la hora de entrar en campañas, en polémicas y en los dimes y diretes que han intercambiado ocasionalmente con la dirigencia del PRD y otros críticos. Hemos visto, en estos intercambios como el PRI no ha podido superar el fenómeno denominado Botellita de jerez, estos es, cuando el PRI ha tratado de ser oposición y ha cuestionado las desviaciones de los gobiernos perredistas tales como el nepotismo o la corrupción, la respuesta invariable ha sido: “son prácticas heredadas de los regímenes priistas”, algo que deja sin réplica al priismo, incapaz de mostrar sus aciertos en esos años de dominación, una especie de sentimiento de culpa de partido con demasiado tiempo en el poder.


La candidatura de Ricardo Barroso es un ejemplo, precisamente de ese mea culpa. Resulta que ahora el PRI se presenta como el partido joven, con una nueva cara, terso y sin arrugas. Es decir, el viejo partido de estado, el partido que heredara las glorias de la Revolución Mexicana niega su pasado solo porque no lo han sabido explicar, tampoco han podido discutir en BCS los errores del pasados inmediato, mucho menos se han atrevido a señalar a quienes los llevaron a la debacle.



Este viejo partido de estado que se desgastó en el ejercicio del poder, que ese desgaste coincidió con un gobierno percibido como omiso y corrupto, además del surgimiento de un liderazgo carismático en la oposición –salido de sus propias filas- que los llevó a perder la gubernatura y la hegemonía estatal en 1999, hoy se presenta con la cara lavada de una candidatura que se percibe mas como inexperta, sin antecedentes en la administración pública, que tiene que empezar a hacer un camino que otros miembros del PRI, políticos tradicionales ya tenían andado, y lo tiene que empezar, demasiado tarde, cuando sus adversarios tienen más de seis meses de campaña.


Se ve así, el PRI, con esas formas de negar lo que ha sido, como esas señoras con exceso de maquillaje, como esos señores con notorio bisoñé, que tratan de negar la edad. Actitudes que oscilan entre la extravagancia y el ridículo.

lunes, 7 de junio de 2010

EL PRI EN EL 2011

Es el PRI la única fuerza de oposición en BCS que, hoy por hoy, puede enfrentar con ciertas posibilidades de éxito al trabuco formado por el PRD, PT, Convergencia que desde 1999 arrancó del poder al que fue, a su vez, un partido de estado. Enfrentado a un adversario muy similar al viejo PRI, con estructuras parecidas y dinámicas internas también similares, el PRI, en su afán de sacudirse la prolongada modorra que los invadió durante una década, después de la derrota, ha logrado, al menos, frenar la curva descendente en las preferencias electorales.
Aun está lejos de constituir una fuerza política que pueda plantar cara a la coalición gobernante, pero si ésta, como parece ser la tendencia, opta por la división interna y el deslinde entre los diversos grupos, corrientes y personalidades, obviamente pondrá en peligro su permanencia en el poder, solo en estas circunstancias, el PRI podría constituir una primera fuerza política.
Sin la fuerza del gobernante en turno como “jefe nato” del partido; sin las basas sociales que formaron su densidad electoral; sin los recursos económicos y humanos que fluían alegremente del propio gobierno; sin las redes de recursos económicos de los beneficiarios del régimen y sin el aparato electoral en sus manos, como en otros tiempos, el PRI parece desdentado, descafeinado en su discurso, aun así, en Baja California Sur, ante la indigencia de la oposición, es la fuerza política que es capaz de disputar el pastel electoral o parte de éste que se disputará en el 2011.
Antecedentes inmediatos. Como en todo el país, el PRI sudcaliforniano no tuvo competencia desde el recién nacido estado en 1975. El movimiento Loreto 70, si bien se connotaba como movimiento ciudadano, sus demandas –gobernantes nativos y con arraigo- fueron hábilmente adheridas a las ideas nacionalistas y revolucionarias del PRI, de tal manera que una vez que la federación impulsó la transformación de territorio a estado, de forma natural, los gobiernos emanaron del tricolor.
La sucesión gubernamental, desde el gobernador Ángel César Mendoza, de manera paulatina, a ojos del sudcaliforniano promedio, fue disminuyendo su calidad hasta llegar al 99 cuando el cuestionado gobierno de Mercado Romero, coincidió con el desgaste priista nacional y el impulso ciudadano de la transición democrática que decidió castigar en las urnas al tricolor.
Los gobiernos del PRI se caracterizaron por el discurso localista, la sudcaliforniedad como estadio máximo al que puede aspirar un ciudadano. Esa condición, la del “sudcaliforniano bien nacido” fue, por un lado fuente de legitimación en el poder, aunque también divisa para el abuso y el exceso en las tareas gubernamentales. El último gobierno priista se caracterizó por una gran descomposición, fue tanta que los propios priistas –habitualmente disciplinados- señalaban las triquiñuelas del secretario de gobierno, la dejadez del gobernador, la avidez por los negocios desde el gobierno, los posibles nexos con crimen organizado, sectarismo y muchas otras lacras.
Había, por lo tanto una ola de descontento que Leonel Cota, político astuto, formado parte en la izquierda, parte en el PRI, pudo detectar, luego explotar para convencer a una buena parte de priistas de abandonar el partido. En esas condiciones se gestó un movimiento popular que venció, por paliza, al PRI en 1999.
Si bien el PRI supo llevar a sus puestos claves a ciudadanos de la mas diversas condiciones socioeconómicas, una élite de patricios permaneció detrás de los procesos políticos y económicos.
El quiebre del 99 originó transformaciones, en otros tiempos impensables en BCS. La entrada de capitales externos, el desarrollo del comercio sin las antiguas familias de comerciantes sudcalifornianos fue quizás, el cambio más visible al ciudadano común y corriente, muchos de estos vieron estos cambios como el progreso que el PRI detenía.
La derrota. La derrota no solo fue electoral; el PRI no solo perdió una elección. El trauma trascendió sus raíces y su moral; el derrumbe fue total, a lo cual se agregó las ínfulas justicieras del nuevo régimen encabezado por Cota Montaño. Titulares de periódicos con el gobernador y el secretario general en la cárcel, el despojo del edificio sede, desempleo de priistas que habían vivido del presupuesto, etc. produjo una nueva estampida hacia el grupo en el poder; otros, prefirieron el silencio y el exilio.
Esta cuesta abajo se prolongó durante toda la década y es hasta el año pasado que una nueva directiva, impulsada por Beatriz paredes y Estela Ponce, se ha mantenido en aceptable nivel de actividad. En muchas ocasiones esta directiva priista ha enseñado su falta de experiencia, casi una virtud cuando se trata de retirar dinosaurios de los escaparates.
El repunte. Aun así, cuando parecía imposible, el PRI en otras entidades ha logrado regresar a los primeros planos. Las elecciones intermedias pasadas, demostraron que una buena porción de mexicanos se han desengañado de los gobiernos del PAN, sin embargo, los gobiernos del PRD, son muy parecidos al PRI de antaño. Quizás, la escuela es la misma, por lo tanto, las mismas maniobras para retener el poder. Aun así, los votos del PRI sudcaliforniano provocaron aprietos en ciertas candidaturas perredistas.
Hay en el PRI un vientecillo triunfal en la candidatura de Peña Nieto que, para algunos analistas, ha sido parte del repunte priista que ha podido recuperar gubernaturas, presidencias municipales y congresos.
Hasta hoy, ha sido Estela Ponce quien ha trabajado de manera abierta y con ahínco para conseguir la nominación de su partido. Ha enseñado una gran capacidad de trabajo, quizás entiende que es la única manera de sustituir la ausencia de carisma y las inercias de un partido que sigue sumido en la apatía y en la indolencia.
Para recuperar algo de lo perdido o para hacer la chica, se tendrían que dar una serie de circunstancias, a saber:
a). Una candidatura atractiva, novedosa, con un discurso opositor crítico e incisivo.
b). El diseño de una campaña política que reconozca errores y destaque aciertos.
c). Aprovechar de alguna manera el impulso que proveen los procesos políticos que en las mas recientes elecciones han triunfado en el ámbito nacional
d). Formar las coaliciones partidistas, además de atraer a personajes y grupos relacionados con los partidos en el poder.
El PRI actual. Hasta hoy, el PRI ha sido una oposición cómoda, dócil y manejable. Los errores que ha cometido la administración actual, no ha sido señalados como debiera por la única oposición visible que es el PRI. Dan la impresión que tienen demasiados muertos en el clóset como para señalar resbalones que ellos mismos cometieron; que sus críticas caerían fácilmente en el síndrome “botellita de Jerez”. Les cuesta ser oposición.
Temas como la deuda del Estado, como las invasiones de tierra o los traspiés recientes en la procuración de justicia no han sido denunciados ni resaltados por la oposición.
Continúan con la vieja dinámica priista: la del partido que nació para ejercer el poder. El problema es que no lo tienen y su representación en el congreso, por ejemplo, es exigua, sin capacidad para incidir en el rumbo del gobierno. Y es que no tienen experiencia en la oposición, en esa posición tan incómoda, a mas de una década de la clamorosa derrota, quizás al PRI sudcaliforniano apenas le ha alcanzado para correr por su vida y lamer heridas; no para fiscalizar el gobierno ni para revisar su pasado inmediato.
De ahí la necesidad del PRI de nominar en el 2011, a personalidades que no puedan ser fácilmente identificables con los insignes políticos del pasado, con aquellos barones de guayabera y discurso engolado y previsible.
Tiene el PRI, por ejemplo, la posibilidad de nominar a una mujer –Estela Ponce- que podría buscar afanosamente el voto del 50 o más por ciento del electorado, aun sin ser priista, es probable que el hecho de ser mujer jugara a favor si se realiza una campaña dirigida, en una parte, a promocionar los “valores femeninos”, la novedad y el cambio.
Por otro lado, existen dentro del PRI, fuerzas con fuerte olor a naftalina: al político arcaico que supo moverse en al ámbito de los padrinazgos y la dinámica priista del pasado, cuando había “jefe nato”, “apoyo irrestricto de los sectores” y lo demás era lo de menos. Cada movimiento electoral, sean elecciones generales o intermedias, sacan a relucir glorias remotas, a apadrinar generaiones, a saludar conocidos, una vez pasada la efervescencia electoral, se pierden en el anonimato para luego surgir en el siguiente periodo electoral. Este no ha sido la excepción.
El PRI vigente, es lo que menos necesita: las nostalgias de otros días; las añoranzas del esplendor, el tiempo detenido, la realidad negada, hoy insuficiente en un estado que cambió, desde el 99 en todos los aspectos.
Por otra parte, la ciudadanía requiere de una oposición fuerte y leal, que contribuya al equilibrio de poderes, a las propuestas sensatas, a las ideas brillantes y a fiscalización recíproca de la clase política, esa crítica de la que carecieron –o ignoraron- cuando estuvieron en el poder y tanta falta hace ahora que no lo tienen.

sábado, 1 de agosto de 2009

EL PRI Y EL PRIISMO SUDCA

Introducción. Vuelven por sus fueros en el país. El viejo partido de estado que en Baja California Sur parecía aplastado, ha recibido algunas bocanadas de aire, aunque dista mucho de ser el trabuco que fue, bien podría, al igual que en el ámbito nacional, hacer un regreso triunfal a la gubernatura de Baja California Sur, de donde parecía expulsado para siempre.
Habría que preguntarse cuales son las probabilidades de que el PRI vuelva a ser la primera fuerza política en BCS y si sería el mismo PRI que alguna vez campeó a sus anchas, dueño de la situación a lo largo de la media península.


La posibilidad existe. No es raro que en las nuevas democracias, los partidos de estado, los viejos partidos únicos como los partidos comunistas Europa del este, una vez instalado el sistema democrático, muevan a nostalgia y regresen a manejar hilos de poder.

Antecedentes. El PRI sudcaliforniano inicia su ascenso al asociarse a movimientos populares de los años 40’s, los colectivos que solicitaban al gobierno federal el gobernador nativo y con arraigo, además de autonomía estatal, funcionaban prácticamente como un partido. Es el FUS –Frente de Unificación Sudcaliforniana- la organización que el PRI penetra y consigue elevar a una clase política que durante varios años se mantuvo en segundo plano, detrás de los gobernantes que enviaban del centro.


Aquella clase política sudcaliforniana no tuvo la oportunidad de escalar el poder, sin embargo, quedó una especie de dinastía que, en 1970 cuando se inició la transición de Territorio a Estado, saltaron al primer plano y fueron los gobernadores, diputados, senadores, presidentes municipales, dirigentes del partido y de todo el directorio que requirió la gobernanza del Estado.
No es raro que los dos primeros gobernadores de Baja California Sur se apellidaran Arámburo.
Tal era la estrechez de las familias que heredaron el poder. El PRI fungía –en casi todo el país- como agencia de colocaciones, como filtro y selección de funcionarios. El control era total.
El crecimiento de la burocracia después de los 70’s necesitó de sangre nueva y el PRI se dio a la tarea, por medio del IEPES (la escuela de cuadros del PRI) de reclutar jóvenes inquietos, estudiantes promedio y buenos oradores, de ahí surgirían Jesús Murillo, Antonio Manríquez, Mario Vargas, Cirilo Guluarte, Raúl Rouseau, David de la Paz y muchos otros jóvenes que pasaron a formar una élite de consentidos que, en cuanto terminaron su carrera universitaria, ingresaron al servicio público. La mayoría no pertenecían a familias relacionadas con la clase política, lo que amplió el espectro de sudcalifornianos que podían ingresar a los selectos círculos del poder.


La costumbre del poder. Que diferencia a aquellos tiempos en los que solo con tronar los dedos se tenían recursos humanos, económicos y hasta sobraba “para llevar”. Las relaciones del partido con el gobierno eran únicas y unánimes y solo había que preocuparse por la posición, por la elección interna, por el dedo indicador del “jefe nato” del partido.

Eran días aquellos en que los fantasmas priistas que hoy se encuentran deambulando sin sentido, eran los de cajón en un presídium. Las glorias priistas acudían a los homenajes, a las inauguraciones de obras, a recibir jefes nacionales. Tiempos eran de grandes titulares en los periódicos, los mismos que hoy cabecean en grandes letras las buenas nuevas del grupo en el poder; esos mismos, describían con lujo de detalle, la grandeza de los próceres que hoy se esconden en sus estancias de retiro.

Tiempos de grandes compras, de viajes a San Diego al “mandado”. Tiempos en que los negocios eran prósperos porque el cliente, el propio gobierno, era obeso y derrochador, poco fijado y apapachador; el cliente era tan bonachón que abrazaba a la familia, a los amigos y establecía nuevas relaciones, no solo las del famoso diez por ciento de comisión. El dinero era un león de papel.
No solo había que ser prócer priísta, había que parecerlo. El aspecto exterior no era baba de perico. Además de la casa solariega y las de descanso, el rancho o la casita en el suburbio lo menos parecida a lo que llaman de “interés social”, había que tener una lancha –por alguna razón, la lancha siempre ha tenido caché- y el carro de moda. El viaje anual a Las Vegas descubierto –oh sorpresa- por el fotógrafo del aeropuerto. Y que decir del manejo social: las páginas del periódico daban cuenta del enlace matrimonial –siempre de buena familia a buena familia- de los hijos del prócer. El cumpleaños era rumboso y los vecinos tenían que soporta una impresionante carga vehicular de la cuadra y los grupos musicales que desfilaban, desde los ranchero, marichis hasta la Rondalla del Cereso –que estaba a las órdenes de los poderosos de antaño-, igual sucedía con los bautizos y primeras comuniones de los cachorros de la revolución.

La ideología era lo de menos, pero había una serie de claves y enunciados priistas que tendían hacia el nacionalismo y desde luego, a la herencia de la Revolución de 1910. Tales herencias ideológicas se dejaban ver en las fechas patrias o en las reuniones plenarias. No por nada, buena parte de los próceres escalaron a la cúpula a causa de sus atributos oratorios.
La fecha orientaba el discurso, las frases grandilocuentes eran coronadas con un fuerte aplauso y al terminar, el orador era masacrado en la espalda por potentes manazos, cuanto mas sonoras, mejor. La elección del orador llevaba mensaje: denotaba un empujón a la posición próxima superior, predilección en un pleito interno o era un recado que algunos entenderían.
Las famosas reglas no escritas del PRI, en Baja California Sur fueron asimiladas al pie de la letra por la clase política sudcaliforniana.
Los gobiernos del PRI. Los gobiernos del PRI tuvieron sucesivamente una calidad descendente. El primer gobierno, el de Ángel César Mendoza A. es uno de los más recordados, no solo porque fue el primero estatal, sino porque tuvo un gran acercamiento con la gente, porque supo realzar las tradiciones sudcalifornianas y porque construyó las instituciones necesarias para el arranque del Estado, tarea que consolidaría Alberto Alvarado Arámburo, un viejo político, fogueado en las delegaciones del DF, autoritario y paternal y, a quien se le empezaron achacar mano larga con los dineros del erario, además de cierta dejadez en los asuntos del Estado.
Los gobernadores eran nombrados desde el centro, allá se desarrollaba la política sudcaliforniana. Liceaga Ruibal con quien empezó la decadencia del PRI, era senador y coordinaba la campaña de Miguel de la Madrid cuando un accidente, al bajarse de un avión, le cercenó un brazo, nadie dudó que el favor se pagaría con la gubernatura. En cuanto se hizo del poder, empezaron líos de tipo familiar que se ventilaron en público; el asunto terminó en divorcio mientras el sistema priista hacía lo imposible por aparentar normalidad. El acabose llegó cuando dos de sus hermanos fueron detenidos por complicidad con narcotraficantes. Aun cuando la renuncia se imponía, terminó su mandato con calificaciones reprobatorias y las primeras deserciones del partido.

Con el prestigio muy estropeado, el PRI nomina a Guilllermo Mercado. Sería la última vez que la cargada priista sudca acudiría al aeropuerto a recibir al elegido en las oficinas del PRI del Distrito Federal. Igual que en los anteriores candidatos a gobernadores, la nomenclatura del partido esperaba en primera fila; el “apoyo irrestricto” de los sectores - obrero, campesino y popular- con mantas y carteles elogiosos secundaban el apoteósico acto; sindicatos afiliados al partidazo ponían las porras, las gorras, las camisetas alusivas; matracas, confeti y mariachis por doquier; guayaberas, abrazote y fuerte apretón de manos se movían entre un mar de gente, deseosa de hacerse presente ante el recién seleccionado desde las alturas.

Mercado Romero, se suponía, enderezaría los entuertos de Liceaga. No fue así, rodeado de colaboradores ávidos y patrimonialistas, su gobierno se mantuvo en flotación mientras la oposición empezaba a dar algunos golpes. No fue fácil para Mercado hacerse de la gubernatura, por primera vez, se habló de gran fraude electoral; candidato del PAN –un priista empanizado- Crisóforo Salido, consiguió una cantidad de votos que prendió los focos rojos del PRI. Otros priistas se empezaban a pasar a otros partidos, fue el caso de Ruffo Velarde que ganó la presidencia municipal de La Paz con las siglas del PAN; Ricardo Gerardo Higuera optó por el PRD. El gobierno timorato de Mercado empezaba a dispersar priistas distinguidos.

Mercado Romero terminó su sexenio en medio de escándalos de enriquecimientos muy explicables; quema de papelería comprobatoria, negocios turbios y acusaciones populares de corrupción que, como veremos, después se harían materiales y judiciales.



La debacle. No fue raro que después del desastroso gobierno de Mercado, un priista, Leonel Cota sacara provecho de la situación. De familias humildes, con formación universitaria y participación política juvenil en la izquierda, Leonel Cota se afilió al PRI en cuanto terminó sus estudios en el DF. Rápidamente escaló el directorio priista; los puestos mas altos –presidencia municipal de La Paz y diputación federal- durante la administración –y con la anuencia- de Mercado Romero.




El siguiente candidato del PRI sería Antonio Manríquez, un priista de toda la vida, criado, educado y promocionado por el partidazo. Nadie dudaba que sería el próximo gobernador; lo habían preperado para tal empresa. El sistema priista trataba de reinventarse ante las presiones de sus críticos y accedió, por primera vez, a hacer una consulta interna, abierta a la ciudadanía. En efecto, la ganó Manríquez Guluarte con muy pocos votos sobre Cota Montaño quien, enseguida acusó al PRI de fraude y se pasó al PRD donde fue nominado.
Muchos priístas que no habían escalado la cúpula del partido encontraron en la disidencia leonelista su oportunidad y así, junto con otros desprendimientos del Revolucionario, que se sumaron a la izquierda histórica del PRD, supieron capitalizar el descontento contra el gobierno priísta saliente y la armaron en grande: ganaron la gubernatura por paliza.




Una vez en el poder Cota Montaños acusó de peculado a Mercado y a sus mas cercanos colaboradores, le quitó las oficinas al PRI –que eran de propiedad del Estado-, viejos funcionarios priistas fueron expulsados del gobierno, otros, por miedo, desaparecieron de la escena política. Una buena parte del priismo que no podría vivir fuera del presupuesto se afilió al PRD; otros, pactaron el silencio con el nuevo gobierno

El PRI quedó destrozado, desorientado y sin brújula.
En PRI en la oposición. Muy pocos permanecieron en el partido. No había los incentivos de antaño. Apenas si consiguieron algunos escaños en el congreso local, los diputados priistas empezaron a sentir el rigor de ser oposición. Eran “mayoriteados” tiro por viaje, la nueva mayoría del PRD se comportaba, exactamente como se comportó el PRI en sus días de gloria.
No solo porque el PRI fue desangrado por sus propios militantes que se fueron -a la campaña primero, al gobierno después- en oleadas. Aquel PRI pujante de guayabera blanca, abrazo estruendoso y promesas a cada paso, había desaparecido.
Aquellos próceres priistas sudcalifornianos que alguna vez presumieron los alcances de la Revolución Mexicana, parecían cansados.
Se podía ver por la ciudad, como fantasmas al exgobernador Mendoza Arámburo, al Gral Valdivia, a Liceaga Ruibal, deambulando como fantasmas, en busca de ojos y manos quien los reconozca, a quien saludar. Otros, se sabe, viven en La Paz o se han retirado a sus propiedades ganadas en sus días de gloria, rara vez se dejan ver, como si escondieran un pasado vergonzoso, es el caso de Manríquez Guluarte, Mercado Romero, Mario Vargas. Otros; los menos, han seguido en el partido y han tratado de revertir la situación como Román Pozo, Jesús Flores , Estela Ponce, Anita Beltrán, que han tenido que batallar, contra la falta de incentivos, la pobreza, el peso del grupo en el poder y a sus propias malas decisiones .
Dos sexenios ya llevan los priistas en la oposición, tiempo suficiente para advertir lo que se siente.

Sin los mandamás de antes, la clase política de segundo orden –que parecían de tercero- pelearon por el partido. Ya sin líder en el ejecutivo que todo lo podía como siempre fue su tradición, el PRI cayó en sucesivas manos de políticos desconocidos que lejos estaban de elaborar políticas de oposición, en el mejor de los casos, administraban las miserias, los despojos de lo que había sido el gran partido de estado; en el peor de los casos, trataban de pactar con el gobierno y vivir -of course- del presupuesto.
El PRI tocó fondo en el 2005 cuando postuló a Rodimiro Amaya a la gubernatura. Quien había sido priista distinguido, que abandonó el partido junto con Leonel Cota de quien fue secretario general y que, por no haber sido postulado por el dedo todopoderoso de Leonel, regresó al PRI en donde fue recibido con la postulación. Después, la campaña sería un enorme fracaso y Rodimiro desapareció del mapa mientras el PRI quedó aun más hundido.



Muy pocos priistas trataban de salvar al partido. Casi daba vergüenza ser del PRI. Fueron muchas las malas decisiones que prolongaron la cuasi agonía del PRI sudca que requería terapia intensiva urgente. Es Estela Ponce quien se mantuvo vigente en la política partidista nacional quien toma el PRI en completa decadencia y quien, al menos, detiene la caída.
Poco a poco han ido regresando los que no se fueron al PRD. Quienes han tomado conciencia de su papel de oposición y lo duro que resulta dicho papel. En las ceremonias priistas vuelven a aparecer algunos viejos políticos y también la sangre nueva del partido que, ahora, tiene que transformarse y dirigir el discurso a los jóvenes que no saben muy bien de que se trata el asunto. A quienes tenían 10 años cuando perdieron el poder en Sudcalifornia pero que hoy tienen veinte y credencial de elector.

Ya sin jefes natos, sin los recursos del estado, sin el tráfico de influencias, sin el control político a todos los niveles, el PRI empieza a recuperar terreno. En buena parte, por los triunfos nacionales y el posicionamiento político que ha manejado en el congreso nacional, pero también porque el grupo en el poder se empieza a resquebrajar. A medida que se acerca la sucesión de Narciso Agúndez, el PRD parece fraccionarse en tribus –como es su costumbre- tales tribus suelen tener pleitos fratricidas sin importarles dañar al partido y dar ventajas a la oposición. Estas desavenencias del PRD y el grupo en el poder, es el filón que deberá explotar el PRI en los próximos meses.


PRI nacional; PRI Sudca. Lo que sucede en el PRI nacional, no necesariamente sucede en Baja California Sur, el aislamiento secular y nuestra propia realidad, han hecho que no solo en el ámbito político, BCS, camine, a veces, a contracorriente. El PRI nacional, desde hace tiempo, avanza inexorablemente, a lo que parece, la recuperación de la silla presidencial. Se ha posicionado como casi seguro ganador en las próximas elecciones generales.
Ha mantenido cerca del 60% de los gobiernos estatales, igual número de presidencias municipales y en estas elecciones intermedias que acaban de pasar, el PRI, el viejo partido de estado, de nuevo, se levanta con la victoria.


A diferencia de otros estados, el PRI sudcaliforniano no mantuvo sus bases territoriales, esta condición ha hecho que en muchos estados, donde alguna vez perdió, el PRI encuentre la manera de regresar y ganar de nuevo el poder ejecutivo. En Sudcalifornia, las bases priistas hoy las detenta el PRD porque esta partido debe sus triunfos electorales no solo a las antiguas bases territoriales priistas, sino también a los próceres priistas que trasvasaron tales bases al PRD. Es decir, son las mismas, por lo tanto, requiere de un proceso de conversión reversiva.
Otra de las condiciones que ha hecho que el PRI regrese en otros estados es el mal gobierno de priistas o perredistas, situación que han aprovechado los priistas para enviar el mensaje de que ellos si sabían gobernar. Es el mismo mensaje que en el ámbito nacional siguen enviando ante las incapacidades evidentes de los gobiernos panistas en el ejecutivo nacional. Tanto Fox en el sexenio anterior, como Felipe Calderón en el actual, han presentado serias deficiencias para mostrar que eran mejores que los viejos priistas; mientras los priistas no pierden ocasión para recordar sus triunfos en el gobierno, su mano derecha y su mano izquierda en las formas de gobernar.


En Baja California Sur, los gobiernos perredistas tanto el de Leonel Cota como el actual de Narciso Agúndez no han dado oportunidad al PRI de mostrar las deficiencias y patrañas de tales gobernanzas. No porque no tengan –o hayan tenido- tales gobiernos motivos para ser acremente criticados, sino porque los priistas ya no tienen los canales de antaño para dirigirse al vasto público sudcaliforniano. La radio, la televisión y los periódicos que alguna vez comieron de la mano del viejo partido de estado, hoy los detenta el PRD y su gobierno.

Como podemos ver: las bases territoriales, los medios de comunicación, parte de la dirigencia del PRI, hoy están en manos del PRD. Es decir, el PRD se convirtió en el PRI de hace mas de una década. Funcionan igual, por lo tanto, difícil será para la nomenclatura priista, arrebatar el gobierno al PRD. Igual que el PRI en otros tiempos, el PRD sabe como mantener el poder. Igual que el PRI, sus próceres han subido en la escala social, también van a ver el box a Las Vegas y también compran mandado en San Diego. Igual que el PRI casan a sus hijos con buenas familias y aparecen en grandes titulares en las páginas sociales de los periódicos. Igual que los priistas, los próceres perredistas ya han cambiado sus casas de interés social por el caserón con lancha y carros para todos los miembros de la familia.

Igual que los priistas, las doñas perredistas no solo hacen trabajo solidario en el DIF, también juegan canasta, presumen las adquisiciones materiales de sus maridos y ya visten mejorcito; el dinero embellece y ya empiezan a distinguir entre lo casual, lo in o lo out en la moda.

Aunque en materia de cultura y trapicheo social, igual que los priistas: lo que natura no da; Salamanca non presta.

Reaparición. Después de una década de sequía el PRI ha tenido un éxito, impensable meses atrás: ganaron La Paz al PRD en las elecciones próximas pasadas al Congreso de la Unión. Dicho triunfo no se puede achacar ciertamente al gran trabajo territorial del PRI, tiene que ver mas que nada con las controversias entre los grupos perredistas, a la coyuntura de la sucesión.Por otro lado, parece que las agitadas aguas en la dirigencia del PRI estatal han amainado y aunque en estas elecciones pasadas han presentado candidatos sin esperanza de triunfo, es claro que el viejo partido de estado no desapareció a pesar de todo. Los columnistas priistas que se han mantenido en los periódicos, empiezan a sonreír en lugar de las amargas quejas; los próceres del PRI ya se dejan ver en busca de miradas y saludos en la calle, en charlas de café y actos del partido; los próceres aparecen otra vez en las páginas sociales, después de haber encabezado la policiaca; los que aguantaron el vendaval, se erigen como héroes y dan lecciones de sobrevivencia política; los agazapados salen de sus rincones en estado postraumático y cuando alguna que otra nostálgica guayabera blanca cruza la calle, nos recuerda que todo se puede esperar de la cambiante clase política sudcaliforniana….hasta el regreso triunfal del PRI.

sábado, 5 de julio de 2008

AQUI ESTAMOS II

Como en todo el país, el PRI daba muestras de agotamiento, lo mismo sucedía con la clase política sudca creada en los 40's y que en los 70´s toma el poder en BCS. Los últimos gobiernos habían sido desastrosos y aunque siempre se cubrieron con el limpio manto de la sudcalifonidad, nuestra clase política difícilmente podría quitarse su fama depredadora.; aunque se llamaban a si mismos "sudcalifornianos bien nacidos", su ostensible riqueza y buen vivir laceraba -quizás de envidia- a la mayoría de sudcalifornianos, que como en todo el país, tienen problemas para llegar a la quincena.

De esta manera el PRI llegaba extenuado y vacío a la elección del fin de siglo (1999); con demasiados pecados y contricciones, los priistas, sin aparente competencia, se aprestaban a dirimir sus diferencias en una elección interna, abierta al público.
El PAN seguía dividido, el PRD con menos de 10 % de preferencias electorales y los partidos pequeños, en la espera para unirse al carro del posible vencedor. No se avistaban problemas, excepto los internos.

En el PRI, Antonio B. Manríquez, era el favorito. Después de pasar todo el organigrama de los puestos políticos de BCS, a Manríquez "le tocaba" ser gobernador en esa especie de dinastía que había establecido la clase política, pero pronto se inscribiría Leonel Cota Montaño, un exizquierdista redimido en el PRI después participar cuando estudiante en el DF en partidos de corte marxista. Había picado piedra en el municipio de La Paz en donde escaló posiciones tanto en la administración como en laa lides partidarias: el PRI lo convirtió en diputado federal del 94 al 96, de donde se lanzó para presidente municipal de La Paz, posición que tenía cuando propone su candidatura a la primera magistratura de BCS
Para diluir una pelea entre dos, también se lanzó Mario Vargas Aguiar miembro de la nomenclatura priista sudcaliforniana.
La elección sucedió sin demasiados percances. El PRI declara vencedor a Manríquez Guluarte quien le sacó 5% de ventaja a Leonel Cota, sin embargo, apenas estaban gurdando las urnas cuando Leonel Cota desconoce la elección con el pretexto de fraude, "dados cargados" y favoritismo de las autoridades partidarias.

Inmediatamente busca otro partido para que lo nomine candidato, el PRD en recientes manos de antiguos priistas le da asilo y lo lanza a la gubernatura a la que se alía el PT. El cálculo era magistral: si contendiendo en el PRI, Manríquez solo le había ganado con 5% de los votos, tal cantidad la podía conseguir con otro partido en el supuesto que sus compañeros priistas le fueran fieles. Y así sucedió.
El PRI se vió rebasado en la campaña. Leonel Cota supo tocar las fibras mas sensibles de la población que no quería mas raterías y sinvergonzonerías en el gobierno. Cota Montaño prometió vender el avión del gobierno -donde los gobernadores salían de compras a los EU con todo y familia- además de deshacerse de El Caimacito, la casa gubernamental. Promesas que volcaron al populacho en su favor.
Las campañas avanzaron y pronto se vio la debilidad priista y la gran fortaleza que había adquirido el equipo de Leonel Cota. La vieja clase política apenas lo podía creer. El PRI sufre una sangría de la que aun no se repone y como era de esperarse, Manríquez y el PRI pierden por paliza. Igualmente, la presidencia municipal de La Paz, la gana Alfredo Porras que también había abandonado el PRI.

Ya en el gobierno, Leonel Cota abre la competencia comercial cerrada que controlaban los grupos empresariales locales; mejora las arcas gubernamentales mediante la venta de predios, emprende un extenso programa de pavimentación y se muestra como un hábil político que controla medios de comunicación y el acceso al poder; no permite la crítica que le incomoda y mantiene una vigilancia férrea en los mas lejanos colaboradores; en efecto, vende el avión estatal -que le haría mucha falta en una geografía tan intrincada como la sudca-, la casa "del gobernador" la convierte en museo marítimo -hoy en decadencia- y se renta para fiestas particulares -que también le hizo falta-. También la emprende contra la administración de Mercado Romero, su antecesor y acusa de corrupción a varios miembros del gobierno anterior quienes se dicen perseguidos y víctimas de venganzas con sabor personal.

Tocan la cárcel el exgobernador Mercado Romero; el ex secretario general de gobierno, Raúl A. Ortega y la que se lleva la peor parte es la subsecretaria de Finanzas Griselda Uribe, pues mientras los otros llegaron de "entrada por salida" al bote, Griselda se pasó años luchando por su libertad en medio de laberínticos procesos jurídicos.

Los enemigos de Leonel Cota lo acusan de favorecer a sus familiares y de gastar enormes fortunas en carreras de caballos a las que es aficionado desde muy pequeño.

Aun así, la gente percibe como buen gobierno su ejercicio en el poder y prepara su sucesión al tiempo que hace cerradas alianzas con quien será el candidato presidencial del PRD en el 2006, Andrés Manuel López Obrador con quien traba amistad personal. AMLO viaja frecuentemente a Sudcalifornia y es atendido personalmente por "Lionel" -como le llama la población- y se hace íntimo del Peje quien lo nombra -a mano alzada- en varias ocasiones "el mejor gobernador del país". Lionel no termina su periodo pues se une a la campaña de El Peje para posteriormente presidir el PRD al nivel nacional -como se sabe-

Mientras tanto en BCS, el PRD se ha convertido en el partido que hace exactamente lo mismo que el PRI. Mantiene un fuerte control de las lealtades, controla lo medios de comunicación, se mueve entre las corporaciones vestigios del priismo, establece redes de entrega de prebendas a sus electores, compran credenciales en las elecciones y al igual que el antiguo partido de estado, la siguiente candidatura a la gubernatura se juega en una elección interna de donde sale vencedor el candidato oficialista, Narciso Agúndez Montaño sobre Víctor Guluarte y Rodimiro Amaya, antiguos priistas como la mayoría del comité central del PRD y los funcionarios de gobierno. La maquinaria electoral del PRI la posee el PRD y los políticos sudcas están demasiado impregnados por la manera de hacer política del viejo sistema mexicano; así fueron educados y no conciben una manera de hacer política mas que considerando clientes a los electores y súbditos a los ciudadanos.

Desde el 2005, BCS es gobernada por Narciso Agúndez Montaño a quien, desde su campaña electoral se le acusó de ser "el hombre de Leonel", además de primo hermano con lo que arreciaron las acusaciones de nepotismo, parentezco que han negado ambos.

Se mantiene, en la actualidad, la sospecha de un plan transexenal para permanecer en el poder mediante familiares y "hombres de paja" a cargo de la familia Cota Montaño, situación que parece corroborarse con la presidencia municipal de La Paz en manos de Rosa Delia Cota Montaño, hermana de Leonel. Sin embargo, Narciso Agúndez ha dado muestras de cierta independencia de la familia Cota Montaño en varias ocasiones: reconoce como presidente legítimo a Calderón Hinojosa, por ejemplo, además de que se ha deshecho de colaboradores en el gobierno, herencia y lealtades de los Cota Montaño.

Sin competencia electoral ni adversarios de peligro; con "carros completos" en la última elección estatal -que renovó presidencias municipales y congreso estatal- el escollo político mas fuerte que Agúndez Montaño tiene que enfrentar, quizás sea, demostrar que, en efecto, ejerce el poder de manera autónoma; que no ha sido impuesto por una familia y que sus acciones de gobierno no tienen otra finalidad que el progreso de BCS y no el pago de facturas por estar donde está.