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lunes, 13 de febrero de 2012

BARROSO E ISAIAS, UNA METAFORA DEL PRI

Introducción. El sistema Pri-gobierno sudcaliforniano sufrió primero una derrota, que luego sufriría, a principios de siglo, en el plano nacional. El derrumbe fue total. La militancia más sobresaliente se vio envuelta en acusaciones por el nuevo gobierno, cárcel y escarnio soportaron sus principales dirigentes, otros, sin poder vivir fuera del presupuesto, optaron por ingresar a las filas de los recién conversos al neoperredismo de Leonel Cota y se incorporaron al gobierno; otros, salieron del estado en busca de mejores aires; algunos –se dice- pactaron con el nuevo gobierno, se conformaban con no ser perseguidos y muchos se agazaparon, se mimetizaron en extrañas formas. Pocos, muy pocos sacaron pecho y comprendieron que eran tiempos de oposición, una situación inédita para el partido que lo ganaba todo en BCS.

El primer sexenio perredista fue aciago para el antiguo partido de estado. Sin el jefe nato, sin posiciones relevantes, sin escaños en el congreso, sin dinero, sin los jilgueros habituales, incluso, sin sede; un PRI itinerante, escasamente concurrido era sostenido por algunos valedores con más canguelo que ideas de cómo volver colocar el viejo partidazo en los primeros planos de la política local. La vieja generación de priistas, los llamados dinosaurios parecían extinguidos; la generación intermedia, la de Manríquez Guluarte, la que acababa de perder las elecciones estaba deprimida, abatida y, sin la emergencia de una nueva generación de priistas. Un partido hecho para gobernar, acostumbrado a triunfar, no tenía capacidad para convertirse en oposición. Sin embargo, el triunfo del PRI en varios estados; el surgimiento de un candidato popular a la presidencia; los errores de la administración de Narciso Agúndez, sus divisiones internas; la porfía de Estela Ponce, de Jesús Flores, de Martínez Mora, de Ángel Salvador y otros, dieron un nuevo impulso para recobrar el lustre perdido. Los pequeños triunfos, la pérdida acelerada de credibilidad del gobierno perredista, hicieron un hueco al PRI que se levantó entre los muertos y pronto, en la segunda mitad del gobierno de Agúndez, el PRI y sus posibles candidatos aparecían en las encuestas en plan de pelea.

Factores como la escasa convocatoria del PAN, las diferencias internas del partido en el gobierno, animaban a los cuadros jóvenes del PRI, reaparecían las generaciones intermedias y hasta los dinosaurios daban la cara en espera de las vacas gordas. En la elección estatal tuvieron la posibilidad de medir sus verdaderas fuerzas: nominaron candidatos de las generaciones intermedias, escondieron a los dinosaurios y se sorprendieron de la aceptación que tuvieron con sus candidatos jóvenes, los emergentes. El viejo partido de estado, el antiguo brazo político del sistema autoritario que gobernó la vida política de BCS y el país, que parecía desgastado, era requerido por parte del electorado que descreyó del gobierno perredista, por quienes creen que mas vale malo por conocido… o por quienes evocan un mejor tiempo pasado; un fenómeno psicológico que ya ha sucedido en otras transiciones, donde la añoranza produce seguridad. Por las razones que sea, el PRI sudcaliforniano está exultante y se apresta a dar la palea con modificaciones forzosas en su manera de contender.

La alegoría. Si se lo hubiera propuesto la dirigencia estatal del PRI no podrían haber encontrado mejor metáfora que explicara -mediante las figuras de Ricardo Barroso e Isaías González sus dos candidatos a dos de las senadurías en juego las próximas elecciones generales- una simbología que no parece ser planeada. Dos personajes, dos sujetos, dos formas de hacer política de dos individuos tan disímbolos pero que reflejan, como espejo, el momento que vive el PRI como partido y como engranaje de una antigua maquinaria que quiere parecer nueva, sin abandonar el dorado pasado que alguna vez gozó a sus anchas. Uno, un viejo dirigente sindical, con más de cincuenta años de reelección en reelección en una central obrera ligada
históricamente al PRI, el otro, Barroso, un joven miembro de la nueva clase política, procedente de la estirpe patricia de priistas sudcalifornianos.

Ricardo Barroso. Sin experiencia política, casi sin militancia. Sin mas carta de presentación que el parentesco con el gobernador de la transición de territorio a estado, Félix Agramont. Ricardo Barroso fue toda una revelación para el PRI primero, después, para el mundillo político sudcaliforniano. Debuta como candidato a gobernador en una elección donde el PRI no tenía ninguna oportunidad. Quedó en segundo lugar, no tan atrás del triunfador Covarrubias y muy adelante del candidato del PRD, Luis A. Díaz.

El PRI había cambiado su estrategia cuando se pensaba que fuera Estela Ponce la abanderada, sin embargo, Ponce aceptó ir por una posición mucho más asequible que era la alcaldía de La Paz, que finalmente ganó. Así, el PRI, sin distanciarse de los dinosaurios, mantiene dos figuras destacadas por lo que hoy, alejada de las contiendas, Ponce ocupada en la alcaldía paceña, es Barroso quien lanza el PRI a la senaduría, con muchas posibilidades si el joven político es capaz de repetir la hazaña. Así, en cuanto se decidió la gubernatura, Estela Ponce tomó posesión como alcalde, Barroso, se estableció como Delegado del CEN del PRI, pero el PRI permanece en manos de la vieja escuela priista con Agapito Duarte en la dirigencia estatal.

Isaías González Cuevas. Con orígenes en la CROC sudcaliforniana, González Cuevas fue afirmando su liderato mediante consecutivas reelecciones –como se estila en el sector obrero- en una central sindical con mayor fuerza en el sur del Estado. La CROC ha llegado a liderar la mayoría de los sindicatos de hoteles, restaurantes y establecimientos afines del sector turístico.

En 1997 formó parte de la VVII legislatura como diputado de representación proporcional, cargo en que permaneció hasta el año 2000. Ya en el DF, su amistad con el entonces poderoso Secretario general de la CROC, Alberto Juárez Blancas, lo lleva a ocupar puestos de importancia en la central obrera. A la enfermedad y muerte de este, Isaías González salta a la dirigencia nacional para el periodo de 2004 hasta al 2010, posteriormente sería reelecto hasta el 2016. Diputado federal de nuevo en la actual legislatura en la que se ha convertido en diputado con licencia para disputar el senado en las próximas elecciones.

Isaías G. Cuevas, ha permanecido fuera del estado a causa de sus actividades en la CROC desde hace cerca de 15 años. No le tocó atestiguar la caída estrepitosa del PRI en el 2000 y tampoco ha sido factor en el resurgimiento del partidazo. Sin embargo, es quizás el único priista que tiene un inmenso capital político y económico y, el único que puede mostrar músculo con el apoyo de la central obrera.

Diferencias y similitudes. Ricardo Barroso e Isaías González Cuevas representan a un PRI con dos diferentes caras; representan a dos PRIs: uno que no acaba de irse y otro que no acaba por nacer ni desarrollarse.
El PRI de Barroso Agramont proviene de las capas ilustres de familias priístas: nieto de Félix Agramont, primer gobernador nativo y con arraigo, aunque impuesto desde la presidencia por Luis Echeverría, sirvió de puente para una transición de territorio a estado, del cual fue el primer gobernador democráticamente electo, Ángel César Mendoza A, paradójicamente, padre de uno de los rivales a la senaduría, Carlos Mendoza Davis. El PRI de Isaías G. Cuevas es del que empieza desde abajo, de pinche de cocina. De muy joven ingresa al gremio obrero y ahí se desarrolla –desde abajo- en una carrera sindical de más de 50 años.

Ricardo Barroso que nunca ha sabido lo que es el trabajo físico duro –hay quien lo acusa de perezoso- ni ha pertenecido a un sindicato, mucho menos ha hecho el trabajo sucio, el de las cañerías, ha tenido una vida académica en el área de las ciencias sociales, ha tenido las oportunidades de ilustrase y de acceder a la alta cultura, a la reflexión intelectual, mientras Isaías solo ha llegado a secundaria y muy lejos está de la vida intelectual. La práctica, la escuela de la vida ha sido su universidad.

Barroso Agramont tiene virtudes externas, notables, evaluables a primera vista: joven, apuesto, alto y bien nutrido. En casa nunca faltó alimento y recibió –de sus padres- genes de los que se pueden recibir en las clases altas. Isaías es un viejo, su aspecto senil es el de los viejos líderes obreros que tantos éxitos depararon al viejo sistema autoritario. Su aspecto recuerda a Fidel Velázquez, a la Güera Rodríguez Alcaine, a su antecesor, Juárez Blancas. Recibió los genes que le tocaron, los que al destino determinó para las clases bajas.

Uno, Barroso, producto de ese México que construyeron los Isaías; el otro, producto del México bronco y de setenta años de construcción con sus defectos y aciertos de un sistema autoritario que trata de adaptarse a nuevo entorno mediante los Barrosos pero que no puede prescindir de los Isaías. Porque los Barrosos del PRI tienen presencia de candidatos, aunque los Isaías tienen músculo y son capaces de dirigir contingentes y llenar una plaza pública cuando se le antoje. Los Barrosos pueden mostrar una cara de modernidad, de nuevos rumbos con una buena dosis de ingenuidad política. Los Isaías son los viejos rumbos, los caminados y probados del PRI; siempre saben para donde corre el agua, la corriente de los vientos… “la línea” que es más importante. Los Barrosos creen conocer desde las aulas una teoría del Estado democrático. Los Isaías saben como es el Estado, han sido parte del Estado, han vivido en las tripas del monstruo.

Ricardo Barroso recuerda a Peña Nieto; Isaías González recuerda a Fidel Velázquez. Barroso está por demostrar que puede con el paquete; Isaías nada tiene que demostrar, aun tiene dirigencia de la CROC hasta el 2016.

Conclusión. Dos caras de las que no puede prescindir el PRI para dar las nuevas batallas que se avecinan: la cara amable de los jóvenes guapos e ilustrados, apoyados por los viejos vicios corporativistas de trabajadores acarreados por las promesas, las demagogias y la explotación de las necesidades. El PRI tiene en los Barrosos esos frascos vacíos de contenidos porque no han tenido carrera propia, la única manera de llenarlos, es con los antiguos contenidos, los perfumes ya probados en los viejos líderes obreros, los que han sabido como mantenerse, contra viento y marea en posiciones de privilegio. Hay que llenar los barrosos de Isaías. Isaías está ahí para recordarle a Barroso, que el arrastre, ese supuesto carisma que le ha valido la aspiración al senado, no es nada si no se tienen los apoyos de una corporación. Nada carismáticos eran Juárez Blancas ni La Quina y pudieron erigir un imperio que llegaron designar hasta el propio presidente de la república, al omnipotente presidente imperial de aquellos tiempos; que si Barrosos llena la plaza pública con anuncios, entrevistas en los medios –promoción- invitaciones, el estudio de la estrategia y líderes de colonia con sus enganches; los Isaías solo tienen que levantar el teléfono y mañana a primera hora la plaza estará a tope con mantas, matracas y mariachis.

El PRI está de vuelta, también en BCS. Es el mismo PRI de siempre, sus retoques de modernidad, no pueden prescindir del jurásico.

domingo, 7 de noviembre de 2010

POLITICOS SUDCALIFORNIANOS; LA INCERTIDUMBRE DE LA DESLEALTAD

Políticos y partidos. Cunde en la clase política sudcaliforniana, el trasiego de candidatos y partidos con el propósito de llegar al poder: la deslealtad como estrategia, la sobrevaloración del ego y la pedagogía negativa de que todo vale son los protagonistas del momento. Quizás, lo peor es la naturalidad con la que el ciudadano común y corriente acepta que pasar de un partido a otro, sin explicaciones, sin objetivos precisos, sin tomar en cuenta a la sociedad, es una conducta normal y que es parte del juego democrático.

Los jóvenes creerán que la pertenencia a un partido depende de las garantías, de las prestaciones que se ofrezcan mutuamente partido y político; por su parte, los viejos y los de edades medias, quienes vivieron bajo la batuta del PRI gobierno, pensarán que la transición democrática se trata del uso de siglas, de partidos franquicia sin importar convicciones, ideología, compromisos o lealtades.

No en vano, se ha popularizado la palabra “proyecto” para denotar el rumbo personal de los candidatos. Es cierto, son “proyectos personales” y parte del espectáculo que han dado los políticos en este periodo preelectoral que se cierra la primera semana de noviembre. Van y cargan con su “proyecto personal” a otros partidos, a tocar otras puertas con el tambache de ambiciones de poder; sin mayor consideración a sus antecedentes inmediatos, sin mayor respeto por militantes y simpatizantes que alguna vez, creyeron en “el proyecto” que emprendieron como parte de una colectividad, de un partido, de una formación política que los encumbró y de la cual dispuso de tiempo, dinero y esfuerzo.


En una mezcla de desorden y deslealtades, los partidos grandes se disputan candidatos y estos a su vez, se disputan a los partiditos que –a su vez- buscan la mejor oportunidad para seguir generando ganancias vía las prerrogativas económicas del IFE. Auténticas cuchilladas a la democracia que aumentan el descrédito de los políticos y sus partidos.
En medio de este revoltijo, finalmente, los partidos políticos han nominado –al parecer- a sus candidatos definitivos.

Luis A. Díaz y el PRD. Cuando parecía que, después del traumático e inconcluso proceso de selección, el PRD erigía a Marco Covarrubias como su candidato, sin mayor explicación a la ciudadanía, Covarrubias abandona el partido para contender por el PAN. Es así como Luis A. Díaz, de manera emergente, es nominado por el PRD. Un candidato con demasiados puntos en contra –verdaderos o falsos- pero sobre todo uno: la sospecha –acendrada por sus malquerientes- de que no es mexicano, el origen aceptado de otro estado –Nayarit- y la falta de arraigo en BCS. Un superlativo hándicap en contra habida cuenta que, la única lucha social contemporánea que identifica a los sudcalifornianos es el “gobernante nativo y con arraigo”; el recuerdo de la imposición desde el centro de quien dirigía nuestro destino como sociedad aislada y menospreciada. Una gesta ganada en 1974, que forma parte ya, de la tradición cívica sudcaliforniana.

Además de otras acusaciones que lo implican en el crimen organizado, aderezado con la sospecha de un atentado en su contra, envuelto pues, en líos policiacos, de nota roja, que tan mala espina dan al electorado, la clase dirigente del estado parece ir a la debacle. Luis A. Díaz como producto electoral cada vez es más difícil de vender. Los expertos publicistas, conocedores del marketing, tendrán que elaborar una compleja y costosa campaña política, para hacer de Luis A. Díaz una opción competitiva y desde luego, convocar el respaldo de una militancia que hoy por hoy, también está hundida en la incertidumbre.

En un ambiente lleno de rumores, de trascendidos, en buena parte, estimulados por la propia dirigencia estatal, la incertidumbre también es el signo de la clase política que ha gobernado BCS, los últimos dos sexenio. Por si fuera poco, la situación del PRD se agrava con la dispersión de algunos de sus activos más significativos. En estas condiciones, la dirigencia estatal se muestra vacilante, indecisa, sin atinar a promover acuerdos fijos, duraderos, por lo tanto, alienta la percepción que sus decisiones son tomadas en el centro del país.

Mas aún, con candidatos cuestionados e impopulares a las alcaldías, el PRD parece ir hacia el despeñadero y que ahora sí, el fantasma de Zacatecas es una posibilidad muy próxima.

Covarrubias al PAN. Para continuar con la carencia de lógica elemental, Covarrubias anuncia su candidatura a la gubernatura por el PAN. Un partido con choques internos irremediables, sin estructura partidaria, con un escaso voto duro y el respaldo de un gobierno federal que acumula desprestigio, ante esta situación, el diputado federal con licencia, sin duda confía en su carisma, en su imán personal para triunfar en las elecciones, en eso que los políticos llaman “mi gente”.

Casi un novato en las lides políticas, nunca se le conocieron antecedentes en la izquierda; perredista de oportunidad, sin opinión política clara, definida, Covarrubias ciertamente puede emigrar a cualquier partido sin el estorbo de la ideología o de las convicciones. Su transformación de político de izquierda a político de derecha, no es algo que le preocupe, quizás ni siquiera tenga que cambiar el sentido del discurso. Tanto frankestein tiene que ser sustituido por su atractivo, su galanura y el dinero de sus sponsors. Ya lo decía: “iré hasta donde el pueblo quiera” y el pueblo –de alguna manera- le convenció que el PAN, sus estatutos, su filosofía, sus siglas, son las adecuadas para llegar al poder.

Ya desde el inicio de la lucha por la candidatura en el PRD, se le ubicaba en el PRI, se hablaba de pláticas en altos niveles de ese partido. La suspensión de la consulta del PRD, para algunos, significaba que, al hacer a Covarrubias su candidato, el PRD mataba varios pájaros de un tiro: a. Le arrebataba al PRI su plan A; b. Nominaba al candidato mejor considerado por el electorado y c. terminaba, de una vez por todo, con la comedia de pastelazos en que se había convertido el proceso de selección perredista. Sin embargo, Covarrubias ya mostraba sus encantos al mejor postor.
Finalmente, víctima de su espejito, del irresistible impulso de su carisma, de su confianza en el manejo de las masas, dejó con un palmo de narices al partido que lo convirtió en alcalde de Comondú y posteriormente Diputado Federal, como si no le debiera nada al PRD, como si los cargos que alcanzó en ese partido, fueron por propios méritos y de nadie más.

El PAN, a su vez, sin mucho esfuerzo, sin siquiera atinar a resolver de manera satisfactoria sus diferendos internos, sirve de receptáculo del candidato –aparentemente- mejor catalogado –hasta hoy- y para no ver lastimado su ideario político, para no zarandear en su tumba a los padres fundadores, llama a Covarrubias “candidato ciudadano”. Es también, seguramente una lotería estimulada, desde el calderonismo, es decir, desde el centro del país.

Señal de tan superior mandato podría ser la incorporación de Carlos Mendoza Davis a la campaña panista, un sacrilegio para la clase política sudcaliforniana de antigua raigambre priista, habida cuenta que Mendoza es hijo de Ángel César Mendoza A. primer gobernador de BCS, el lance mendocista sin duda, representa una ruptura en ese núcleo duro y estable que parecían ser los patricios sudcas que se mantuvieron en el poder hasta el 99.

El PRI y Barroso. De la pasarela de precandidatos que trajo octubre, la última semana, el PRI sorprendió con Ricardo Barroso Agramont. Presidente de ese partido desde hace dos años y quien, junto con su comité ejecutivo, desde el inicio de esta carrera, operó de manera errática e incierta, la nominación priista.

Primero fue Estela Ponce, luego Manríquez Guluarte a quien se le dejó la mano estirada con sus documentos de registro. Sin ninguna resistencia interna, sin ninguna convención, solo por el dedazo nacional o el autodedazo estatal, Barrón Agramont se alzó con la candidatura del PRI mediante las mismas artes del viejo PRI, que a estas alturas y después del batidillo democrático del PRD, el “dedazo” parece una virtud.

Sin antecedentes en las funciones políticas, sin ningún cargo de elección popular en su haber; de manera inexplicable el PRI lanza al novel Barroso cuyos méritos no resaltan de manera inmediata. El PRI así, al verse sin candidato competitivo cuando se vencía el plazo, sin la reserva –que en otros tiempos sobraba- de candidatos a la gubernatura, se ha visto en la necesidad de nominar a quien sus atributos principales evitan puntos de contacto –¡oh! paradoja- con el PRI: 1. Juventud. Signo de nuevos tiempos, de ruptura con el pasado; 2. Inexperiencia. Explotada como falta de malicia, como ingenuidad, que con los tiempos que corren, en un candidato priista, resultan virtudes. Dos características que representan una huída hacia adelante, una negación del paleolítico –con todo y dinosaurios- que representa el PRI nacional.

El mercadeo de la imagen es predecible, además de las virtudes anotadas, se revivirá la figura del Ing. Agramont, abuelo del juvenil candidato priista, quien operó como gobernador, por encargo de Echeverría, la transición de Territorio a Estado…y no mucho más.

Incertidumbre y confusión. Así parecen haberse conformado las candidaturas a la gubernatura.
Falta que se definan las legislaturas y bien a bien, los candidatos a las alcaldías. Faltan también algunas alianzas y quizás, otro paquete de sorpresas en esta actividad política llena de “proyectos” personales. Por lo tanto, una gran variedad de personajes en donde no se distinguen los oportunistas de los leales, ni los verdaderos de los falsos, ni los políticos de los comerciantes, ni los partidos de las franquicias, ni las instituciones de las agencias de empleo.

Una mezcolanza tal, que al electorado le será muy difícil elegir; un panorama tan confuso donde el izquierdista ahora es derechista, donde los perdedores caen para arriba, donde los dinosaurios rejuvenecen; en el que la clase política sudca ha retrocedido y en su actitud timorata, muestra su falta de autonomía y vuelve a depender, hasta para nombrar candidatos, de los dictados del centro del país.