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lunes, 21 de septiembre de 2009

LA PAZ, LA CAPITAL

Puerto de Ilusión. Hace 40 años, para quienes vivíamos en la periferia del entonces territorio de Baja California Sur, no era fácil acudir a La Paz. No había carretera pavimentada; el transporte aéreo era caro, peligroso e irregular; el transporte marítimo no tenía grandes alcances.

Para quienes vivíamos en las inmediaciones del paralelo 28, La Paz era territorio casi vedado, era más fácil transportarse a Sonora. De Santa Rosalía a Guaymas siempre estuvo abierta una vía marítima, “El Güero” y el “Jesús Enrique” eran las dos cáscaras que a finales de los 60’s hacían viajes regulares, ruta en la que los norteños del sur utilizaban para el comercio, el turisteo, la atención médica, salida al continente y para visitar familiares. La quiebra de la Compañía El Boleo y el subsecuente éxodo de finales de los cincuentas, arrojó una buena cantidad de cachanías a Guaymas donde se asentaron la mayoría, otros al norte, muy pocos a La Paz. Ya un espléndido artículo de Blas Ramón Cota Meza –El Pirri- titulado “Cachanía la guaymense”, narra las intensas relaciones entre Santa Rosalía y Guaymas, de tal manera que: –cito de memoria- “no había un cachanía que no tuviera familiares o conocidos en Guaymas ”.

Sin embargo, La Paz siempre fue el centro burocrático, por lo tanto, de visita obligada. Había que venir al Puerto de Ilusión a reclamar el cheque, a afiliarse al ISSSTE, a buscar chamba, a conseguir becas, a registrar propiedades, actas de nacimiento, de defunción y hasta a los juegos olímpicos. No había otra que subirse al “correo”, un camión de redilas con doble cabina que salía de Santa Rosalía a La Paz una o dos veces por semana. Casi 48 horas de viaje si no sucedía un desperfecto, tan frecuente en aquellos escarpados terrenos por donde transitaba el armatoste.
Tanto en los caminos del norte como hacia el sur, “los troqueros” contaban cada historia acerca de sus aventuras, sus accidentes; las cuestas peligrosas como la de “El Burro”, la de “El Tiburón”, la de “Liguí” siempre aparecían en los relatos, eran además puntos de referencia. Se hacía una escala forzosa –a dormir- en Loreto o Comondú y al otro día –si todo iba bien- se tomaba la brecha de El Crucero a La Paz –que fue el primer tramo que se convirtió en carretera pavimentada- se llegaba a La Paz poco después de mediodía. Una odisea para los tiempos que corren.

Chilanguismo paceño. Pero La Paz era el centro y los paceños se percibían –desde la periferia- como los estirados, los soberbios, los arrogantes, en fin, el chilanguismo que endilgamos a los defeños; que también atribuyen los de Salta a bonaerenses; los de Provence a parisinos o los siberianos a moscovitas, supongo. No podía ser de otra manera en un país centralizado, modelo que se repetía en los estados pero mucho más en el Territorio de Baja California Sur carente de autonomía estatal. Si los gobernadores se nombraban en las tripas de los centros ceremoniales del PRI en el DF; los delegados municipales, a su vez, se nombraban desde La Paz. Con un régimen de partido único, la centralización era aun más aparente.

Cuando los juegos olímpicos estatales se hacían en La Paz, un buque de la armada se encargaba de transportar los contingentes deportivos. Como casi siempre eran al final del otoño –coincidían con el 20 de noviembre- la mar con frecuencia estaba picada y después de casi 24 horas de viaje; de náuseas, vómitos y mareos quedaban los deportistas muy disminuidos y desde luego, con desventajas para la competición contra los paceños, los adversarios a vencer y a quienes se les achacaban, con cierta razón, un gandallismo deportivo que provocaba interminables discusiones.
Los paceños tenían fama de malos perdedores, de conseguir en los reglamento, en minucias legaloides, lo que no podían lograr en el campo de juego.

Ante los paceños había cierto rencor soterrado que emergía y se hacía aparente en la rivalidad deportiva, por ejemplo, en la que Santa Rosalía era el mayor oponente a La Paz. Los juegos de básquet y beisbol, eran de alarido e invariablemente terminaban en bronca. Una vez terminado el tiempo regular, los tiempos extras seguían en la calle; algunos juegos terminaron en la barandilla por infringir el bando de buen gobierno. Si a algún miembro del contingente deportivo le llegaba a dar diarrea, sin duda, eran los paceños que habían colocado laxantes en la comida.
Ante los paceños había desconfianza y cierta paranoia.

De La Paz provenían los jefes, los inspectores, los decretos. La relación era unidireccional por falta de comunicación. Unos mandaban, otros obedecían. Los ahora municipios nacen en la transición de territorio a Estado, a partir de 1970, eran delegaciones y los delegados no siempre eran producto de elecciones, sino dedazo desde La Paz.

Aun con una hegemonía priista, aceptada como natural en el entonces Territorio de BCS, no fue raro que en el norte, alguna vez ganaran otros partidos políticos, como fue el caso de Don Manuel Cota que ganó la delegación de Santa Rosalía por el PAN, que decir de aquella gloriosa gesta del Dr. Adán Velarde y Oaxaca que ganó una diputación federal del Territorio al PRI del mismísimo Dr. Raúl A. Carrillo.

Santa Rosalía. Casi un siglo, Santa Rosalía, fue el centro de población mas importante en el norte. Sin origen misional, fundado a finales del siglo XIX y colonizado para la extracción de cobre por franceses, se convirtió rápidamente en destino tanto para conseguir trabajo como para el comercio. El crecimiento de Santa Rosalía en menos de 20 años alcanzó niveles que San Ignacio o Mulegé, los pueblos misionales vecinos, no alcanzarían en siglos.
Los adelantos tecnológicos con los que los franceses dotaron a Santa Rosalía, no los tenían ni siquiera en La Paz: luz eléctrica las 24 horas, un tren de vapor, grandes grúas, barcos gigantescos para la época, hospital con medicina y cirugía de primer mundo. El crecimiento fue monstruoso.
Sin embargo, La Paz, poco o nada tuvo que ver en el asunto. La Compañía francesa El Boleo, se introdujo desde el centro del país, mediante concesiones otorgadas directamente por Porfirio Díaz en donde se dispensaban impuestos y se disponía de la tierra como mejor les pareciera a los colonos franceses. Así, Santa Rosalía se convirtió en un enclave en el que el Gerente de El Boleo, era el Jefe Político de Santa Rosalía y circunvecinos. Los escasos funcionarios del gobierno, las fuerzas del orden, eran captados por la compañía que a su vez, se encargaba de mejoras materiales y hasta de la educación.
Fue hasta un poco antes de la Segunda Guerra Mundial que la comunicación entre los franceses de Santa Rosalía y los de Francia se hizo prácticamente imposible que El Boleo empezó a decaer. Dicha compañía se convirtió en objetivo militar para los alemanes, pero también, la cantidad y la pureza del cobre había descendido, de tal manera que ya en la postguerra, el boleo se declaraba en quiebra dejando Santa Rosalía sin trabajo y aislada, sin puentes hacia la capital del Estado. Fueron momentos difíciles en los que la gran mayoría decidió emigrar, muy pocos lo hicieron hacia La Paz.
La entonces altiva e independiente Santa Rosalía miraba hacia al sur sin respuesta. El gobierno del Territorio no tenía tampoco elementos para reactivar la actividad económica de una Santa Rosalía oscura, atrapada en su angustia mientras los esfuerzos venían desde el DF. Fue de la oficina federal de Fomento Minero de donde partieron los primeros planes para reconvertir y explotar la industria del cobre y quien detuvo la debacle y la desaparición de Santa Rosalía.

El Pacífico Norte. Mientras en el Pacífico Norte los viejos campos pesqueros de población temporal, se convertían en asentamientos formales, permanentes así Bahía Tortugas, Bahía Asunción, La Bocana y Punta Abreojos acogieron una buena parte de cachanías con vocación pesquera –y beisbolista- y abrían fuentes de trabajo para la juventud de la región. Todas esas cooperativas pesqueras, que comercializaban sus productos en California, tenían sus oficinas en Ensenada, BC. Aviones privados hacían el puente aéreo, de tal manera que los pobladores del Pacífico Norte nunca miraban hacia La Paz. La atención médica, la educación, las compras o las vacaciones se hacían en Ensenada y California.

Lo mismo sucede con Guerrero Negro que también fue refugio de cachanías. Al aumentar la explotación de la sal, el crecimiento de Guerrero Negro requirió de mano de obra, sin embargo, los impuestos de la ESSA –Exportadora de Sal- no se pagaban en el estado y a pesar de ser una empresa nacionalizada –en parte- sus ejecutivos ninguna relación tenían con Baja California Sur, todos procedían del centro del país de tal manera que el gobierno del Estado y su capital ninguna influencia tenían sobre esa compañía.
La Transcisión. Quizás el punto de unión más fuerte en los años anteriores a la estatización del territorio de BCS fue la Escuela Normal que había nacido a instancias del gobierno de Lázaro Cárdenas como Normal Rural con sede en San Ignacio. Fue hasta que se fundó la Universidad Autónoma de BCS, la única escuela de educación terminal. Aunque luego emigraría hacia La Paz, la Normal enviaba paceños hacia la periferia, asimismo desde la periferia acudían a la Normal paceña los estudiantes que, una vez, profesores, regresaban a sus comunidades.

La Normal de La Paz se convertiría en el rostro más amable de la capital. La gran mayoría de nuestros profesores eran egresados de la Normal quienes mostraban auténtico orgullo pertenecer a esta escuela.

Es hasta que el Territorio se convierte en Estado y se organizan los Municipios que las relaciones de la periferia norte se empiezan a normalizar y empezamos a acudir a La Paz con mayor frecuencia. La carretera Transpeninsular fue definitiva en esta correlación de la Paz capital y sus poblaciones del norte. También la desaparición de la zona libre que inicia una era de comercio de productos mexicanos, desconocidos hasta que entra la CONASUPO
Así, La Paz y su periferia norte inician otro tipo de relaciones, la cual se incrementa con la democratización del país y ya no solo son profesores de educación básica lo que se intercambia, también estudiantes – UABCS, TEC, universidades privadas-, vacacionistas; comerciantes y la burocracia de toda la vida que ahí continúa y que, en su cojunto, ha hecho de La Paz, un centro de visita obligada, es cierto, pero también una de las ciudades mas bellas y apacibles, donde se puede vivir muy bien sin los sobresaltos de la inseguridad y sin la neurosis de las grandes ciudades, además de la inestimable vista al mar, sus atardeceres rojos y un andar de más de trescientos años que le dan aspecto entre cosmopolita y provinciana, pero al fin puerto, es decir, pecadora y virtuosa, honesta y gamberra, recatada y carnavalera.

lunes, 16 de marzo de 2009

AQUÍ ESTAMOS IV (El Cuarto Informe de Gobierno)

Otra vez, como todos los años, los que antes criticaban la forma en la que el PRI funcionaba, la vuelven hacer. Mientras fueron opositores, señalaban “el Día del Gobernador”, el besamanos genuflexivo, el derroche indolente, la danza de cifras, el acarreo descarado, la compra de aplausos, toda esta parafernalia cíclica que era, parecía, patrimonio del PRI, patentada por el revolucionario e institucional, cada año, el gobierno del PRD repite el numerito.
No obstante la terrible desgracia donde murieron mas de veinte acarreados en la toma de posesión, Narciso Agúndez ha persistido en el acarreo tan vergonzante para la clase política; vergonzante como todos los valores que tienen precio y se compran con dinero. En este caso, los valores que el político –Agúndez- compra es la popularidad, la lealtad, la admiración, el agradecimiento, quizás hasta la gloria. Para conseguirlo tiene que desembolsar cantidades inconfesables, pero no de su dinero, sino del nuestro, en eso estriba lo deshonesto.
Para que el señor gobernador se sienta querido, admirado, agradecido, etc. tenemos que pagarle toda la puesta en escena: a). autobuses que acuden a todos los municipios para que llenos de “público” regresan a la capital; b). Gente que aplaudirá y gritará hurras mediante un guión establecido. A estas personas, generalmente humildes, a las cuales algo les han prometido o algo les dieron, no de parte del estado, ni siquiera del gobierno, ni como obligación del gobernante, sino como graciosa concesión de Narciso, a esas personas habrá que pagarles c). Estancia en hoteles baratones y como consecuencia también d). Comida, al menos tres veces al día. Pero también hay invitados de caché, como los gobernadores vecinos, los amigotes y los dirigentes partidistas que vienen del DF a los que hay que pagarles e). Hoteles costosos y además f). Comida cara que, aunque izquierdistas, el confort, bien se sabe, es adictivo y no tiene partido. También hay que pagar g). Medios de comunicación que machacan semanas antes, durante y después las obras del prohombre que tenemos como gobernador, al final, habrá que pagarles una h). Pachanguita a los acarreados y a la tropa de las porras y las matracas y otra i). Pachanga, esa si, en forma, con cubierto de lujo, mesa servida, viandas costosas y licor del mejor para invitados y allegados al primer círculo.
Gastos enormes que todos los sudcas tenemos que desembolsar para que el señor llene su ego y nos informe lo que le conviene, a su manera, ante un congreso aplaudidor y manipulado como en los mejores tiempos del PRI. Luego la prensa –que también es pagada- resaltará los logros del gran hombre que los sudcas eligieron, a pesar de sus pecados de ambición confesos.
En una encuesta acientífica y rupestre revelaría sin dudas, que a los sudcas poco les interesa el informe del gobernador; que si la fastuosa ceremonia se hiciera sin acarreados y sin pagarle a nadie por sus afectos, desierta quedaría la Plaza de la Reforma. En el supuesto que a los habitantes de BCS les interesara escuchar el informe, ahí están los medios de comunicación. Pero casi nadie está interesado es escuchar la danza de cifras y números que bien se pueden leer en los documentos que amparan dicho informe.
Por otro lado, si el gobernador quiere hacer su pachanga anual, nadie puede coartar su derecho a festejarse sus años en el poder, el asunto enojoso es que lo hace con nuestro dinerito, los impuestos que religiosa y encabronadamente pagamos y que, el gobernador, está obligado a cuidar y no gastarlo en una gran jolgorio solo porque cumplió otro año el frente del poder ejecutivo de BCS.
Bien podría hacer su pachanguita –como todos- e invitar a sus íntimos; hacer su carne asada, en su casa; tomarse sus cervecitas, compradas por el mismo o sus choferes o algún lambiscón –no faltará- ponerse hasta el gorrito y finalizar en la madrugada borracho contando intimidades del poder –y de las otras- cantando rancheras en karaoke, como cualquier cumpleañero que se respete, sin faltar la contrita cruda del día siguiente. Es decir, como cualquier mortal.
Todo este gasto millonario sale de nuestros impuestos, una ceremonia fútil, banal, ególatra y petulante que, quienes ostentan el poder, cuando eran oposición, criticaron y rechazaron pero que hoy, en la cumbre saben que son parte del pan y circo que le deben al “pueblo” que se queda viendo como el derroche millonario solo toca a algunos privilegiados y a la masa la torta y el refresco para gritarle vítores al gobernador que está de fiesta, una fiesta que debería pagar de su peculio, como lo hacemos todos –la mayoría- cuando nos enfiestamos.
Esas antiguas rutilancias debieron de cambiar para, al menos, no parecerse tanto al PRI y para que parezca también que, cuando la izquierda asumió el poder en Baja California Sur, también llegaron nuevas formas de gobernar, menos indolentes, menos canallas; mas demócratas, más conscientes de que se gobierna, no se reina; que distinguen entre una democracia y una monarquía .

miércoles, 9 de julio de 2008

LAS BANQUETAS DE LA PAZ

Ya estuvo bueno de política, dice un amable lector de este blog. Yo digo que tiene razón. Hablemos de banquetas.
Cuando llegué -adolescente- a La Paz a estudiar preparatoria, -entre otras , viví con la familia Ahumada Navarro- el profesor Jerónimo Ahumada de humor cáustico y ocurrente, cada vez que veía al peatón caminando fuera de las banquetas les soltaba un: - ¡pareces de cachanía!- En efecto, en Santa Rosalía, después de la quiebra de El Boleo, el pueblo se vino abajo y se notaba en las banquetas: desorganizadas, destrozadas; una mas altas otras mas anchas; en otra cuadra ausentes; unas empedradas, otras de tierra apisonada; las escasas banquetas que permanecían
estaban en muy mal estado de tal manera que el deambulante prefería torear vehículos, la intemperie, la calle.


Nótese que aquí, la propiedad se extiende hasta
la zona donde debería haber una banqueta. Aun-
que quisieran ponerla, no podrían.

En La Paz, hace tiempo sucede lo mismo. Hay extensos trechos de la ciudad donde es preferible caminar por la calle, lo mas pegado posible a la guarnición

En este fraccionamiento las banquetas están bien
organizadas pero algun vecino que tiene una
lancha con pretenciones que sobrepasan a la
casa de interés social, ha obstruido el paso
Algo tienen las banquetas, algo nos dicen. Es un lenguaje urbano altisonante, inespecífico y misterioso. Si los drenajes, tuberías y galerías subterráneas insospechadas son también reveladoras, las banquetas son el lenguaje de la superficie que reflejan, sobre todo, el aprecio que los ciudadanos tienen por su espacio vital.

Aquí faltan las banquetas, a lo lejos se ve un
puesto de mariscos que invade la zona don-
de debería estar la banqueta

Al principio de los noventas, La Paz tuvo como presidente municipal Antonio Wilson quien al ver que las instalaciones del subsuelo paceño estaban en ruinas, que las aguas negras del centro de la ciudad terminaban en la bahía, emprendió un programa de drenaje en la zona del centro. El Sr. Wilson se encargó de dar a conocer en cuanta tertulia, discurso, conferencia, entrevista y por todos los medios posibles que "su obra estaba enterrada". Reflejaba, seguramente, ese molesto cólico insoportable que siente un político cuando tiene que llevar a cabo una obra que el público

como ajedréz, casillas con banquetas, otras
sin ellas.
no tiene a la vista; que no lo lanzará a la posteridad. Obviamente, el político prefiere las obras de superficie, las que el público observa y solo por eso, da por bien gastado su dinero.
El siguiente presidente municipal de La Paz fue Leonel Cota que se olvidó del drenaje. Fue la pavimentación su obra principal. Wilson quizás tenía pocas ambiciones, era un veterano de la política, la alcaldía era un cierre con broche de oro a su carrera, pronto fallecería; en cambio Lionel brioso, jarioso, hiperactivo, sus ambiciones no tenían techo. El pavimento es mas visual, se tiene presente, sus materiales vienen de PEMEX -empresa siempre dadivosa con el estado-, prolonga la memoria del gobernante bienhechor. El pavimento tiene mucho mas glamour que la banqueta proletaria que es del pobre peatón y no del desdeñoso automovilista, que en esta ciudad somos legión.
Aun así, las banquetas de La Paz, siguen esperando a es@ president@ municipal con ambiciones superlativas que pueda alivianar el banquetaje.
La banqueta marca el carácter de sus habitantes, la eficiencia de sus gobernantes, en fin, el pulso de la ciudad y en ese lenguaje, el de las banquetas paceñas es un galimatías, un caló incomprensible, jerigonza ininteligible

Ignoro si hay una ley de banquetas -supongo que si- respecto a la propiedad, las dimensiones de estas, el estado de su conservación, los materiales, etc.
Como buen ignorante me surgen varias preguntas ¿de quien son las banquetas? ¿pertenecen a la calle o a la casa? ¿de quien depende su conservación?
Por lo visto esta propiedad es algo confuso.

Aquí, solo hay la mitad, el corte, como se ve, no
es muy geométrico. El teodolito no fue un
intrumento usado para cortar la banqueta

Las banquetas de La Paz son diferentes -hay de todo tipo, cuando hay-, el deambulante tiene que subir unas, bajar otras, en otras no hay; unas son anchas, otras delgadas; otras son de adoquin, otras de cemento; la uniformidad es la excepción.

Es una escena común en la ciudad: la banqueta
como depósito de materiales de construcción
Hay ciudades en donde, al menos, en el centro -las zonas turísticas, comerciales, de edificios gubernamentales- se logra cierta homogeneidad. En La Paz, quizás los administradores de la ciudad, como siempre son políticos con ambiciones, quizás han detectado que arreglar banquetas no redunda en beneficios, a la hora de pujar por el siguiente cargo en la lista ascendente de las ambiciones.

Hay banquetas que son verdaderas trampas para los tobillos -y delicias de los ortopedistas-, quizás no para el jovenazo ágil, veloz, diligente pero si para el anciano, el enfermo, el invidente, o simplemente el zuato distraído que no detecta las ondulaciones del terreno, esos largos y sinuosos caminos y requiere de terreno liso para su desplazamiento.
Sería bueno colarle a Rosa Delia -nuestra alcalde- por ahí traspapelada, una encuesta marca Mitofsky -por ejemplo- que mencionara al acicalamiento de las banquetas como capaces de producirle un envión propulsivo fenomenal hacia el 2012. Quizás, así algún día nuestra ciudad, con un poco de eso que llaman "voluntad política" de los administradores de la ciudad y un mucho de cooperación ciudadana, podamos darle a nuestra ciudad un poco de cariño de los dientes pa´dentro.


martes, 1 de julio de 2008

Y AQUI ESTAMOS I

...y en efecto, aquí estamos con nuestras peculiaridades y nuestros propios problemas que, nosotros mismos habríamos de tratar de solucionar.


En la postrevolución inmediata fue el FUS (Frente de Unificación Sudcaliforniana) que nació en los años cuarentas, alentado por el propio Francisco J. Mújica. Así un grupo de sudcalifornianos se unieron para solicitar a la federación que nos dejaran ser: gobernador civil, nativo y con arraigo fue la petición general, pero también la ampliación de las libertades políticas, mayor representación en el congreso, municipio libre etc. El Dr. Cardoza Carballo fue el primer presidente del Frente, además de Félix Ortega Núñez, Alejandro D. Martínez, Prof. Pablo L. Martínez Márquez , Lic. José María Meza Olmos, Juan González Rubio, y el Ing. Rafael Osuna, entre otros, encabezaron la comisión que se entrevistaría con Manuel Avila Camacho -enemigo de Mújica- secundaba el movimiento el periódico "El Eco de California" y una cauda de agurridos periodistas, mientras en La Paz y cabeceras municipales, las reuniones semiclandestinas se sucedían y se respiraba ambiente conspiratorio. Los sudcas seguían chocando con los gobernadores militares que asignaban del DF que, además se traían una cauda de colaboradores chilangos que, al menos caían gordos al sudca promedio, mucho mas -of course- a los que aspiraban a cargos políticos.
De este clima hostil entre gobierno y sociedad, surge aquella anécdota que muestra la situación: Don Luis Peláez, músico, compositor y miembro del FUS, todas las tardes acompañaba al piano a los tertulianos que solían recalar tarde con noche en el Hotel Perla. Entre trago, botana, conversación y mitote, el filarmónico amenizaba el conjunto. Una vez, pasado -bastantito- de copas se encontraba un licenciado que era el secretario particular del gobernador milico en turno. Don Luis, antes de iniciar una tanda musical, pidió al camarero una cuba. El beodo abogado, entre los humos del alcohol observó la escena y en seguida la emprendió contra el músico: - ¡siempre he dicho que todos los músicos son una bola de borrachos! - exclamó el licenciaduco. A lo que Don Luis respondió con toda la flema de la que es capaz un sudca finisterra: - y.....usted ¿que instrumento toca, licenciado? -


No todo fueron anécdotas ingeniosas ni tersas cuitas ni relaciones aterciopeladas. Diversos actos de represión tocó sufrir a algunos militantes sudcas que fueron severamente contundidod por esbirros de Salinas Leal, por ejemplo (por cierto que, incomprensiblemente hay calles y escuelas con su nombre) y de otros gobernadores militares que tenían una fuente inagotable de golpeadores en el cuartel del H y glorioso Ejército Nacional. El FUS, poco a poco se fue transformando; sus líderes aceptaron puestos políticos en los nuevos gobiernos, el PRI y su muy peculiar forma de hacer política se apoderó se las reivindicaciones sociales, las administró convenientemente y entronizó en el gobierno a los dirigentes del FUS o a sus hijos. Así el FUS se difuminó y surgió una clase política autóctona.


Pero el estire y afloje duró hasta iniciados los años setentas, cuando surgió otro movimiento, reminiscencias del FUS, un poco mas domesticado -sus militantes ya usaban guayaberas- que donominaron "Loreto 70", no quitaba el dedo del renglón del "gobernador nativo y con arraigo". Ya se había formado una élite priista con lo mas granando de la aristocracia paceña que, obviamente, con el giro que se pretendía, se quedarían con el pastel del poder en Baja California Sur.



Para enfriar las cosas, desde el poder federal habían nombrado gobernador a Hugo Cervantes del Río, un hábil político que maniobró de tal manera que, la naciente clase política sudca, lo despidió con honores y lo elevó al altar de los inmortales; el pueblo mondo lo llamó "El Pico de Oro", era un típico político convencedor y convenenciero. Ya en el gobierno de Luis Echeverría, designaron como gobernador a Félix Agramont, un ingeniero agrónomo, oriundo de El Pescadero, que era una chucha cuerera en semillas y forrajes, aunque poco versado en el arte de gobernar. Fue la transición que preparó la conversión a Estado.
La clase política que acechaba el asalto al poder, se preparaba haciendo sus pininos donde el PRI los necesitara, sus hijos, en las aulas de la UNAM y la UDG. En cuanto fue elegida la primera legislatura local que copió la constitución de otros estados y Sudcalifornia se convertía en soberana, el PRI inmediatamente lanzó como candidato a Angel César Mendoza Arámburo, eterno secretario general de los gobernadores fuereños; apagafuegos social, dicharachero y simpaticón, nadie se atrevió a desafiarlo.


A partir de ahí el PRI nombraba a los candidatos y seguros ganadores, Eran los tiempos del carro completo en la que la verdadera elección era la interna: primero se rumoraba quienes eran los mas viables candidatos, después se lanzaban apuestas en los medios de comunicación para finalmente, en el DF, el presidente designaba al candidato que era recibido en el aeropuerto con mariachis, confetis y serpentinas; mantas de los sectores; vivas y vítores; abrazos tronados de guayabera a guayabera; juramentos de lealtad eterna y apoyos irrestrictos.


Así se elegían los gobernadores, con la anuencia y el palomeo del presidente; los diputados, senadores y presidentes municipales, con la anuencia y el palomeo del gobernador y así sucesivamente. Una de las famosas reglas no escritas del PRI.


Un fulano que quería ser diputado, que militaba en uno de los sectores y que creía que tenía todos los merecimientos para ser nombrado candidato del PRI, se esmeró en reunir firmas de sus electores, juntó cerca de dos mil. Con el fajo de rúbricas se acercó al presidente del partido, orgulloso de su popularidad y aceptación. El presidente del PRI, dicen que le dijo: - no te molestes en traer tantas firmas, solo necesitas una...la del patrón.


En este sistema en el que navegó todo el país por casi 70 años, los sudcas también navegamos junto con el partidazo y sus próceres hasta que el PRI empezó a flaquear. El sistema se derrumbaba, el modelo se agotaba. Algunos priistas se fueron a otros partidos y contendieron contra sus antiguos correligionarios, fue el caso de Rufo Velarde que le ganó la presidencia municipal de La Paz al Dr. Carrillo Silva y por poco Crisóforo Salido le gana la gubernatura a Guillermo Mercado. El coloso estaba fatigado...y se le notaba.


Con el paso de Territorio a Estado en 1974, además de la transición de Félix Agramont, han sido gobernadores, además de Angel César Mendoza, un verdadero forjador de BCS, con fama sostenida de honesto; Alberto Alvarado A, un politicazo fogueado en las delegaciones del DF, conocedor de las cañerías del sistema, amiguero y buen bebedor; le siguió Víctor Liceaga Ruibal, que empezó la declinación del PRI con un gobierno caracterizado por escándalos familiares, corruptelas por doquier y movimientos políticos desleales -toda una joyita-; después llegaría al poder Guillermo Mercado Romero quien ausente del gobierno, dejó a sus gandallas colaboradores hacer negocios, además de otras sinvergonzonerías que fueron severamente cuestionadas por el elector y hasta por militantes de su propio partido. Fue demasiado. El PRI no volvería a ganar otra elección en el siglo XX en BCS.



Así llegaron a su fin los gobiernos emanados de la Revolución Mexicana.


En 1999, los priistas se aprestaban a elegir a sus candidatos. Esta vez, el PRI parecía haber aprendido la lección: no habría "candidato de unidad", es decir, impuesto por el presidente y las fuerzas vivas, decidieron por lo tanto, abrir la elección. El PRI apostaba por Antonio B. Manríquez Guluarte, un político disciplinado, priista desde la secundaria -orador prodigio-; adiestrado para ser gobernador; favorito de la clase política que nació con el FUS, con Loreto 70 y de los que siempre habían ganado.


La historia cambiaría...pero será tema de otra entrada

viernes, 6 de junio de 2008

bajapaz inicia

L a sede de este blog está ubicado en La Paz Baja California Sur. Se llama Bajapaz por varios motivos:
Primero (y obvio). Está ubicado en La Paz, en el estado de Baja California Sur, México
Segundo. Para diferenciarla de La Paz, Bolivia, que es muy alta (sobre el nivel del mar).
Tercero. Para cultivar las bajas pasiones -que suelen ser las mas altas- Una de ellas, el ateísmo, el escepticismo y demás pasiones que no constituyen una red de protección de la existencia, es decir, el piso duro, el suelo llano, la rigidez del planeta; la parte mas baja.
y cuarto- La Pasión por la Baja California Sur, este pequeño rincón en finisterra; su historia, su gente, sus pesares y sus encantos.
Una misión jesuita del siglo XVII en San Ignacio:


Vean si no: una construcción francesa del siglo XIX en Santa Rosalía:

¿que les parece?