domingo, 10 de octubre de 2010

EL CAOS Y EL AZAR


Introducción
. Ni el análisis político lógico, ni las predicciones más audaces, son suficientes para imaginar el caos y el barullo del que es capaz de armar el PRD en sus disputas internas. Una vez más, la ficción es burlada por la realidad de un partido que se empeña en demostrar incapacidad para resolver sus diferencias; en proveer una imagen poco confiable cuando de gobernar a otros niveles se trata. Sin capacidad para llegar a acuerdos, sin los frenos de la lealtad, la identidad, la pertenencia, el compañerismo o siquiera, los mandatos estatutarios, el PRD vuelve a escenificar un ensayo del caos, vuelve a salir debilitado de un proceso de selección interna de candidatos que, de no ser porque la oposición no ha podido establecer una alianza competitiva, el partido en el poder estaría poniendo en peligro su continuidad.

Quienes hace unos dos o tres meses atrás, predecíamos los conflictos que sufriría el PRD para, por fin, nominar un candidato a la gubernatura, nos quedamos cortos en nuestras suaves predicciones. Si bien observábamos los desfiguros, Las descalificaciones mutuas y la guerra sucia entre los precandidatos perredistas, pensábamos que serían capaces de respetar acuerdos iniciales, de llevar a sus precandidatos a valorar encuestas que propiciaran una imposible candidatura de unidad y que, mediante la consulta popular, saliera el ungido en medio del conflicto para finalmente, la dirección del partido y sus aliados emprender una difícil labor de cerrar heridas y conformar a los perdedores.

No fue así, ni siquiera pudieron llegar a la consulta. El CEN del PRD decidió suspenderla, erigir candidato al mejor posicionado y propiciar el caos y también el azar; un desbarajuste que llevó a la dirigencia nacional a recordar Zacatecas y preferir la medicina amarga a la catástrofe total.

Se entiende la conducta de la dirigencia: las precampañas eran feroces. Se habían puesto en juego todos los elementos –cualquiera- con la finalidad de ganar la candidatura. El partido amenazaba con romperse en muchos pedazos y no solo los dos bandos que iniciaron esta pelea. Llegar a la consulta significaría, gastos de recursos económicos, gastos políticos, cochineros en las urnas, un penoso y arduo recuento y aún así, tres perdedores insatisfechos con acusaciones de todo tipo: de inequidad al gobernador, de fraude a la dirigencia del partido, de tranza al comité electoral, etc. Había que pararlo.

El proceso que irrumpiera Leonel Cota con el Frente Democrático Sudcaliforniano, finalmente descarriló y tuvieron que entrar los cabecillas del PRD nacional a salvar lo que quedaba de los acuerdos iniciales. No a la consulta, Covarrubias el candidato, fue la orden. De esta manera se ponía el balón del lado de la oposición, a quien le toca hacer el siguiente movimiento.

Agúndez, el gran triunfador. Jugar con dos fichas le valió a Narciso Agúndez para evitar una derrota estruendosa en la nominación de su sucesor. Luis A. Díaz resultó ser la carnada que siguió la oposición interna perredista. Ciertamente resultaba un candidato con dificultades para llevarlo al triunfo en una elección constitucional, sin embargo, bastó una semana de ofensiva contra el candidato “oficial” de parte de Covarrubias, el precandidato mejor posicionado, para que el proceso electoral interno cesara. Covarrubias coqueteaba con otros partidos, Luis A. Díaz acumulaba acusaciones graves y tampoco levantaba en las encuestas. Su nominación no garantizaba el triunfo.

Si bien, Luis A. Díaz, era la primera opción del gobernador, la candidatura de Marcos Covarrubias tampoco le causa desvelos al primer mandatario sudcaliforniano. El objetivo último era evitar que los Cota Montaño, salieran fortalecidos con sendas candidaturas.

Ha sido un triunfo resonante que se acrecienta con la defección de Leonel Cota hacia el Verde Ecologista, un partido sin estructuras, sin prestigio y sin historia en Baja California Sur. De esta manera, Agúndez se deshace de su peor enemigo, el cual se coloca en una situación marginal y desde donde tendrá que aplicar al máximo para, simplemente, no hacer el ridículo en la carrera por la alcaldía de Los Cabos.

Planeado o no, las cosas al gobernador le salieron a pedir de boca. Solo queda impulsar la candidatura de Covarrubias y apelar, de nuevo, a su buena estrella para que no se le compliquen las cosas en su último tramo de gobierno.

PRD estatal; PRD nacional. Cuando parecía que el conflicto se le salía de las manos a Adrián Chávez, llegaron los Chuchos cual séptimo de caballería a salvar la situación. Tras el golpe que significó el cese del proceso electoral que llevaría a la consulta –la exigencia básica del FDS- las manifestaciones no se hicieron esperar: una reacción endeble de ocupación de las oficinas estatales del partido; amenazas débiles, inciertas, dubitativas de abandonar el partido por parte de los precandidatos y sus seguidores; la salida de Leonel Cota y no mucho más. Es decir, la factura a pagar resultó una ganga.

Era preciso detener la consulta, había razones de sobra. La principal: de cualquier manera, con consulta o sin ella, el clan de los Cota Montaño –que se encontraban muy abajo en las preferencias electorales- habrían armado el conflicto; de cualquier manera, el patriarcado leonelista estaba herido de muerte y en sus coletazos, arrastraría lo que encontrara a su paso.

Por su parte, el secretariado estatal del PRD hacía fintas, sombras y embelecos de todo tipo para quedar bien con todos. El PRD estatal consiguió sus objetivos de manera nada ortodoxa: a. Evitó la consulta y así la catástrofe, escogió el mal menor; b. Erigió al candidato mejor posicionado y quien le ofrece mayores posibilidades de triunfo; c. Desactivó el plan del PRI de allanar el camino de la candidatura a Covarrubias y d. Culpó de la decisión de no llegar a la consulta al PRD nacional –a los Chuchos y a Camacho Solís- y así salvó su capacidad negociadora local. Los malos fueron otros, los del nacional.

Las facturas que tendrán que pagar Covarrubias y el secretariado del PRD local será el carácter de imposición que tiene la medida; el abandono del partido por parte de figuras prominentes como Leonel Cota y con ello, una fracción no estimada de militantes; el desprestigio que han sufrido candidatos y partido en todo el proceso preelectoral y la falta de unión resultante del traumático sendero que el PRD se empeña, una y otra vez, en volver a caminar.

La oposición. El precio que el PRD tiene que pagar, se acrecentaría si la oposición tuviera capacidad organizativa y una figura lo suficientemente carismática para encabezar una gran alianza de partidos y organizaciones.

Es indudable que el PRD ha salido debilitado en el proceso de selección de su candidato, que además acusa un desgaste natural por los doce años en el ejercicio del poder y que, las defecciones, abandonos y rencores soterrados podrían obrar a favor de la oposición, sin embargo, ni el PRI, mucho menos en el PAN se pueden vislumbrar estrategias opositoras viables, ni personajes capaces de liderar un frente capaz de competir con solvencia, de aprovechar el mal momento que vive el partido en el poder.

Solo una alianza puede obrar el milagro, bien lo saben los opositores. Se ha caído la estrategia de abanderar a Marcos Covarrubias, una vez que éste, desplazado por Luis A. Díaz, abandonara lleno de resentimientos, el PRD. No fue así. El PRI y sus posibles aliados se ha quedado sin plan A mientras su plan B no emerge por ningún lado.

¿y ahora qué?. Aun con la división interna que propició el proceso de selección de candidatos, el PRD tiene todas las posibilidades de repetir en el poder, mas que por virtudes propias, por errores de la oposición. No se espera una desbandada a causa del abandono de Leonel Cota y otros personajes importantes del PRD, sin embargo, en una elección cerrada, podían hacer falta los votos que el Clan Cota se lleve a otro partido. Por esta razón, la dirigencia del PRD estatal tendrá que echar mano de su mejor oficio negociador para cicatrizar heridas, suavizar derrotas y cerrar el traumático capítulo del humo blanco perredista.

Otro de los asuntos que tendrá que resolver el PRD, las exigencias de sus aliados. El PT como Convergencia, seguramente pedirán las perlas de la virgen, cobrarán el favor de no prestar sus siglas “izquierdistas” a algún precandidato perdidoso o algún tránsfuga vengativo.

Por su parte, Covarrubias tendrá que iniciar una fuerte campaña al interior, con el objeto de negociar posiciones, además de hacer olvidar al perredismo sus cuitas priistas, pero sobre todo, tratar de atenuar en lo posible la calidad de imposición que tiene y tendrá su candidatura. Circunstancias que no serán fáciles de sortear en un ambiente de encono y revanchismo.

Artmeza55@hotmail.com